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Cómo quitar el chupo o tetero de manera efectiva…!

Aunque esto parezca un titular de una revista, he pensado mucho en este tema pues últimamente he escuchado varios casos alrededor de papás que saben que tienen que hacerlo y no lo logran, y me he dedicado a analizarlos…. Todos los papás se mueren del pesar de quitarles el chupo o el tetero a los bebes, pues creen que su hijo depende de estos objetos, pero creo que en muchos casos en el fondo, lo que realmente tienen es pereza de enfrentar la situación del niño llorando, o teniendole que dar comida en vez de tetero, lo que implica regueros, que no le guste, que se ensucie, etc, cosa que tarde que temprano tendrá que suceder pues nadie nace sabiendo comer solo, de todo y sin regarse.

Entonces, la fórmula mágica para quitar el chupo o tetero de los niño es:

1. Tomar la decisión (no voy a ponerme a discutir, si es mejor al año o a los 2 o a los 5, de eso ya hablé en otro post)
2. Estar SEGUROS de la decisión.

3. Hacerlo (o como diría una famosa marca deportiva “Just Do It”)

Hacerlo, implica ejecutar la acción, o sea, botar el chupo, tirarlo al río, darselo a un animal del zoologico, etc, y respecto al tetero, guardar, botar o regalar los teteros y no volverlos a sacar.

Obviamente en el primer momento, al niño no le va a parecer la mejor noticia, porque todos los seres humanos somos reacios al cambio, pero en un par de días lo aceptará. Aquí es cuando entra la SEGURIDAD de los padres, asi el niño llore, grite, haga pataleta, no se pueden devolver en la decisión, asi haga huega de hambre, con seguridad que de hambre no se va a morir. Si el niño percibe la SEGURIDAD de los padres, va a estar seguro también en que es la decisión correcta y lo va a aceptar más rápidamente. Créanme que los del problema en la mayoría de los casos, somos los papás.

 

 

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La dejada de la pupa…

Mi pequeño Pedro vivía apegado a su chupo, y lo pedía todo el día para su tranquilidad. Vivía muy preocupada pensando en cómo iba a quitarselo sin que fuera un “trauma” para el… De tanto pensar me llegó una ayudita externa que nos hizo tomar la decisión a las malas. Comparto esta experiencia porque sobre todo me enseño que los papás somos muchas veces los que generamos obstáculos en los niños y tal vez no es tan horrible como pensamos que iba a ser….

Bueno, entonces la historia se resume en que Pedro no podía vivir sin su “pupa”. Un día fuimos a la visita con nuesta odontopediatra y nos informó que al niño se le estaba torciendo la mandíbula por su pequeño consolador, además no había “estrenado” los colmillos y por todo esto debíamos sacar la pupa de su vida… Sonó como un balde de agua helada, y no quise ni contar mucho porque toda la familia iba a ‘sufrir’ por el pobre Pedro. Y esa noche antes de dormir, el pobre lloró por mas o menos media hora llamando “mi pupa”, pero le hablé claro y le dije que no podía tener pupa porque se le estaban dañando los dientes. Siento que ese llanto fue más bien mirando si lograba conmovernos, lo cual no tuvo ningún resultado (la verdad con el corazón partido pero firmes en la decisión). Cuando se dio cuenta que no ibamos a cambiar de parecer, dejó de llorar y se durmió.  Durmió perfectamente toda la noche, para mi sorpresa y al otro día no preguntó por ella. Se despertó sonriente y feliz, con una extraña alegría (fue diferente a siempre), siento que la satisfacción por algo logrado que ni el esperaba poder. Estuvo feliz y le dimos regalos por ser un niño grande y no tener chupo.

Después de esa primera noche ha preguntado por ella un par de veces, ya llevamos 3 semanas sin ni siquiera verla  y Pedro está feliz, pues es un niño grande y no tiene pupa, tetero ni pañal.