Una semana sin llorar en la guardería

Nunca pensé que fuera a ser tan duro la entrada a la guardería de mi pequeño. Un niño súper seguro, tranquilo, segundo hijo, acompañando a la mamá varias veces a la semana a recoger al hermano, se bajaba, jugaba, conocía a las profesoras, nos quedabamos largos ratos “adelantando” el proceso de adaptación. Y no. Entró a la guardería el 10 de Julio, se quedó llorando, lloró casi toda la mañana, al día siguiente, lloró más, y así todos los días. La segunda semana igual, con algunas mejoras, pues ya no lloraba toda la mañana sino que poco a poco se iba entreteniendo. Cuando llegaba a recogerlo, se me tiraba llorando. Ya no era tan normal, como cuando te dicen: es normal que llore los primeros días, es su proceso de adaptación, el duelo de dejar a la mamá, etc, lo de este niño era una angustia inmensa, que luego acabó con la fuerza de la mamá, que algunos días no aguantaba, lo dejaba y me sentaba a llorar en el carro al ver los ojos de mi niño diciendome “te suplico que no me dejes aquí, solo”.  Pero bueno, hay que tener paciencia, todos los niños son distintos, todos los procesos son distintos. Para acabar de ajustar, esto lo descuadró en las demás actividades de su vida, lloraba en natación, no quería ir al parque sino quedarse sentadito al lado de la mamá todo el tiempo, como una sombra. Paciencia, explicarle, validarle su sentimiento, hacerlo entender que va a pasar muy rico, te dejo allá porque estoy totalmente tranquila, que estás en buenas manos, la mamá no te va a dejar para siempre, vuelvo siempre por ti, hablar con expertos, muchas cosas a ver que funcionaba y nada. Paciencia. Luego de dos meses y 11 días, Pedro cumple su primera semana sin llorar ni un solo día en la guardería. Se queda feliz, me dice: “Mamá, tao!” (chao), entra corriendo a abrazar a su profe.

Estoy feliz, me encanta que disfrute, que sea el mismo, sin miedo, sin angustia, con tranquilidad.

Lo que aprendí: a veces los procesos toman más tiempo de lo que uno piensa, pero hay que ser firmes, constantes y tener paciencia. Si ellos ven tu seguridad, van a darse cuenta que no hay nada malo para ellos y van a relajarse también.

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