Ropa sucia, niños felices.

Una de las cosas que le incrustan a uno en el chip de mamá (podría ser un defecto de fábrica) es la obsesión porque los niños se vean limpios y arreglados. No se si nos lo vendió la sociedad de consumo con sus comerciales de detergentes o si es cultural, pero las mamás pocas veces admitimos que nuestros hijos salgan a la calle con la ropa sucia, rota o desarreglados. Pareciera que sobre ellos hubiera un letrero que dijera: “este niño tan sucio tiene una mamá que no se preocupa por el”, o al menos eso he sentido yo cuando veo a mis hijos con su camiseta llena de mugre o sus pantalones empantanados. Pero también muchas veces he pensado, cuando los he recogido en la guardería o el colegio, que si el niño está sucio, quiere decir que pasó muy bueno. Pero eso es a la recogida. O sea, el niño debe llegar limpio y salir sucio. Eso es lo que pensamos la mayoría de las mamás. Por eso cuando me doy cuenta que mi hijo se ensució la camiseta en el desayuno, le pongo otra que esté limpiecita.
Estas vacaciones toda esta teoría me puso a pensar, pues estuvimos en el campo y no habían pasado 10 minutos después del baño y los niños ya estaban empantanados de nuevo. Empecé por cambiarlos cuando ya no les cabía más mugre, pero me di cuenta de que se me iba acabando la ropa y me iba a quedar sin ropa limpia para los demás días (y eso que lleve muuuucha de más). O sea, nos tocó quedarnos sucios mucho más de lo pensado y además efectivamente no llegó un pantalon sin pantano…. Esta tarde también volví a pensar en esto porque mi hijo salió con la camiseta mugrienta del colegio y fuimos a varios sitios antes de llegar a la casa, y mi mente pre-programada de madre sentía pena por el muchachito sucio pero realmente la verdad es que: está sucio porque pasó rico en el colegio, es un niño de 4 años y no le importa ensuciarse ya que tiene otras cosas más importantes de que preocuparse en la vida, afortunadamente.
Y luego pensé, que rico que todos nos ensuciáramos con tranquilidad, no nos preocupáramos por nuestro aspecto, por si estamos limpios, sucios, maquillados, peinados, si nos combina la ropa, y empezáramos a preocuparnos por cosas más importantes, como, estoy feliz?, me divierto en lo que hago?, disfruto lo que como?, siento la naturaleza?, me tiro al suelo sin temor…? Y vuelvo y comprendo, que grandes maestros son los niños.
Por eso de ahora en adelante trataré de cambiar el letrero de “La mamá no se preocupa por el”  por uno que diga “Hoy me divertí tanto, estuve feliz y disfruté tanto cada instante, que estoy sucio y que! ” porque un niño sucio es sinónimo de diversión y alegría. Y espero seguir viendo a mis hijos muy sucios por mucho tiempo.

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