Somos leonas

Cuando Dios hizo los mamíferos, o sea los que maman, nos hizo producir una hormona, la oxitocina que hace que sintamos apego a nuestros hijos y ellos a nosotros. Esto porque un bebé mamífero no puede sobrevivir los primeros días, meses o años de vida sin el alimento y el cuidado de su mamá. Todo esto de la hormona, de la mamada (o sea dar leche), y del cuidado del bebe hace que todos los mamíferos, incluyendo a nosotros los humanos, nos conectemos con un instinto realmente animal que busca proteger a nuestras crías. No es sino ver una perra con perritos recien nacidos, o cualquier mamífero con sus pequeñas crías, así sea la criatura más calmada puede volverse agresiva y atacante frente a un posible riesgo en sus hijos. O a veces sin mucho riesgo, simplemente no queremos que nadie se les acerque.

Y así somos las mamás. Protectoras y alertas. No nos gusta que nadie se acerque a los hijos y menos si es para regañarlos, decirles o hacerles algo que no nos gusta. Uno se encuentra de vez en cuando este tipo de situaciones, por ejemplo el abuelo que amaneció cantaletoso y regañón (si son los suegros empeora la cosa), la tía abuela beata y amargada que le da por criticar cualquier comportamiento de los niños, o en general cualquier otro que los critique u opine sin que nadie le haya preguntado y muchas veces hasta el papá sale regañado por hablarles en un tonito que no nos gusta. Y nos pasa, o por lo menos me pasa que se activa dentro de mi un instinto animal que no puedo controlar, mi cerebro deja de pensar de manera coherente, se va la parte de este órgano que nos hace inteligentes y se queda el instinto de matar y hacerse matar por los hijos. A mis hijos nadie, aparte de su papá o en el peor caso su tía (aclaro, mi hermana y dependiendo del tono), los regaña sin que me moleste, no me gusta que opinen ni que se metan en las decisiones que corresponden a los papás (haga con sus hijos lo que quiera y yo hago con los mios lo que mejor me parezca), y me descompone un comentario inadecuado, un juicio, una etiqueta o algo que no se haya preguntado. Lo que es con ellos es conmigo y me convierto en leona. Mi esposo ya me ha dicho en algunas ocasiones que parezco una leona con los hijos y yo le respondo: “Lindo, no lo puedo controlar”. Y así es, las mamás somos mamíferos cuidando nuestras crías, y ese instinto salvaje-animal todavía esta en nosotros, esperando a que algo lo active.

Precaución: Si está cerca de una mamá sobre todo con hijos pequeños (aunque he visto que con grandes también sucede), manténga su distancia. Evite juzgar, criticar, opinar y peor aún regañar a los hijos de otra. Puede ser que usted salga perdiendo.

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