Donde dejé la memoria…?

memoriaCuando yo era chiquita era súper inteligente, me iba súper bien en el colegio, mi materia preferida era matemáticas, me encantaba todo lo que tuviera que ver con ejercitar mi mente. En la U mis amigos me gozaban por nerd y yo lo aceptaba con orgullo, siempre he sido y me ha encantado ser nerd, he estado en muchas actividades, me ha encantado aprender y tenía una memoria prodogiosa…. Tenía?. Sí, tenía. De eso si me acuerdo…
Cuando quedé en embarazo, empezó la torpeza y los olvidos. Bueno, la torpeza ya la tenía de antes, pero la mala memoria no. He escuchado y leído muchas teorías, que el cerebro se inflama, que las hormonas, que el cansancio, lo emocional, y en realidad no se que es lo que hace que tu estructura mental cambie y que quede distinta a lo que era antes. Y ahora, 6 años después de haber dejado de estar embarazada, siento que mi memoria de antes no va a regresar.

La falta de memoria ha hecho que tome algunas medidas en mi vida, como estas:

  • Hacer listas y apuntar todo: Lista de lo que tengo que comprar en el mercado que se acabó en la casa, lista de las cosas que voy a hacer en el día, la de las cosas de la semana, del mes y del año, de los aguinaldos que tengo que dar, de los cumpleaños, de las cosas que tengo que pedir a domicilio, de los medicamentos de los hijos, de los días que tienen que ir de uniforme, de lo que hay que arreglar en la casa, de lo que podemos hacer en el tiempo libre, etc. A veces se me olvida la lista en la casa y cuando llego al mercado ya no me acuerdo que tengo que comprar.
  • Programar: De la mano de la lista va la programación. Tengo en mi calendario todas las cosas importantes, clases, citas, vueltas, así aseguro que el calendario me avisa y no lo voy a dejar pasar.
  • Relajarme: Aprender a vivir tranquila con esta nueva “condición” es importante. Saber que a veces saldré y olvidaré el celular en la casa, el carnet que necesito para entrar a donde doy clases, el termo de agua (buscando ser ecológica), estar tranquila si salí sin aretas, sin maquillarme o llegar a la casa del mercado y darme cuenta que no compré precisamente el objeto por el que fui al súpermercado sin que me de un yeyo.
  • Tratar de ejercitarla: Aunque creo que mi mente brillante de la juventud tal vez no vuelva, no sobran algunos ejercicios mentales para que las conexiones no se acaben de perder. La verdad no lo hago mucho pero si trato de repasar las cosas que tengo en mente, por ejemplo con cantidades (por ejemplo son 3 vueltas, son 10 cosas para llevar, etc) o repitiendo. He leído que los ejercicios mentales ayudan además para que no empeore la capacidad mental en la vejez y que uno debería aprender una cosa nueva cada día para crear conexiones en el cerebro.
  • Devolverme o repetir: Esto me da hasta pena confesarlo pero me pasa mucho que me paro a la cocina y no me acuerdo por que iba, o me distraigo en el computador y se me olvida que era lo que iba a hacer. Para eso lo que hago es que me devuelvo a la acción en la que estaba antes y muchas veces me acuerdo que era o para donde iba. A veces en la ducha no me acuerdo si me enjaboné, en esos casos es mejor repetir que quedar sin hacerlo. Para las pastillas las saco y las pongo en la mesa donde las puedo mirar, si no las veo es que ya me la tomé. Jajaja.
  • Dormir bien: Es cierto que con un mejor sueño la mente funciona mejor, pero también es cierto que la mente de una madre a veces no se apaga del todo en la noche y que asegurar las 8 horas de sueño necesarias a veces resulta una odisea.
  • Repartir la carga: A veces es bueno decirle a otro que lo acuerden a uno de algo. Así la responsabilidad no queda solo en uno, que es la desmemoriada sino que hay una esperanza de que alguna otra mente que no ha pasado por un embarazo pueda apoyar con la recordación de las cosas. Para esto están, los maridos (aunque el mío es peor que yo), las amigas, la mamá o hermanas. Una comunidad de recordatorios andantes para ver si no es tan pesada la carga.
  • La meditación: No lo hago tanto como quisiera pero además de meditar, que ayuda mucho a la mente, el tomar conciencia del presente puede ayudar a disminuir los olvidos. Por ejemplo, si soy conciente en el baño que me estoy enjabonando, ya no me voy a tener que preocupar luego si si me enjaboné o no.
  • Reirse de uno mismo: es inevitable que llegan los años, que cada vez con cada circunstancia perderemos algunas habilidades que teníamos antes. Hay que aceptarlo y reirse de la vida. Dori es feliz.

dori

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