Cómo sentenciamos a los hijos sin darnos cuenta

La mayoría de los padres y cuidadores siempre queremos lo mejor para los niños, pero muchas veces por comportamientos aprendidos cometemos errores que no nos damos cuenta que pueden ser dañinos para ellos. En ocasiones sentenciamos a los hijos sin darnos cuenta con nuestro lenguaje o comunicación. Hacernos concientes de pequeños cambios puede hacer una gran diferencia.

Aunque siempre he sido muy pegada de lo literal del lenguaje, desde que soy mamá lo hago con mayor conciencia. Para mi si me dicen llego en 5 minutos yo espero realmente 5 minutos y no 6 y cuando digo ya salí es porque lo hice, cumplo lo que prometo y trato de no decir nada que no sea cierto o que no pueda cumplir.

Con mis hijos me di cuenta que en nuestra cultura a veces hablamos más de la cuenta y que tenemos un lenguaje aprendido de generaciones anteriores que seguimos repitiendo como loras sin realmente entrar a analizar que es lo que estamos diciendo.

Adicional a esto que venía observando, hice un diplomado de PNL (programación neuro lingüística)  en el que aprendí el poder tan grande que tienen las palabras y me hizo aún más consciente de la importancia de hablar desde lo positivo y lo correcto.

Una de las cosas que más me impacta en el lenguaje que tenemos los papás y también profesores y abuelos es el tema de la sentencia. Sentencia se define como “frase o dicho que implica un juicio o una enseñanza”, o la “resolución de un juez o un tribunal con la cual se concluye un juicio o un proceso” y lo relaciono con algo tan fuerte como esto porque realmente esto es lo que hacemos con nuestros hijos al hablar.

Sentenciar es condenar, es una afirmación que dice que ya fue así o será así.

La sentencia más común que escucho de manera cotidiana es la de: “Te vas a…”  o sea: te vas a caer, te vas a aporrear, te vas a enfermar… Y esa sentencia en términos de programación neurolingüística suena realmente como una condena.

Yo no veo que un niño que está montándose en un árbol difícil o haciendo algo peligroso y alguien le diga “te vas a caer”, siempre se caiga. Entonces según la literalidad de la palabra, realmente el adulto responsable no está anunciando un hecho sino condicionando a un niño con el lenguaje a que algo malo le VA a pasar, programándolo mentalmente para que eso pase o por lo menos para que el niño tenga miedo.

Por lo tanto lo que hacemos con ese tipo de afirmaciones es asustar al niño y hacer que tome decisiones a partir del miedo de esa sentencia que vino de su adulto de confianza.

Al ser tan literal, la primera vez que esta afirmación salió de manera automática de mi boca, pensé:  “Te vas a caer? Pero…, si puede que el no se caiga, yo porque le estoy diciendo SE VA a caer?” y desde ese momento decidí cambiar el “TE VAS” por “TE PUEDES”.

No fue fácil porque es algo que sale en automático, pero al hacer conciencia del peso de mis palabras, logré cambiar los “te vas” por “te puedes” y así, lograr dejar de amenazar al niño a través del miedo y empoderarlo para que el tome su propia decisión dándole herramientas (información sobre las consecuencias de lo que esté haciendo).

Podemos cambiar:
  • “Te vas a caer” por “Te puedes caer”
  • “Te vas a aporrear” por “Te puedes aporrear”
  • “Te vas a enfermar” por “Te puedes enfermar”…

Muchas veces el niño no hace caso y efectivamente se cae (que seguramente sucedería lo mismo si se usa el te vas), pero en ese caso la caída es una consecuencia a la decisión que el tomó al no hacer caso y la responsabilidad cae en el.

Yo siento que este sencillo cambio en el lenguaje (es simplemente una palabra), hace una gran diferencia:

  • Elimina el miedo y la amenaza en la manera de comunicarnos con los hijos.
  • Les da herramientas para tomar decisiones y los empodera en esa decisión, conociendo las consecuencias de lo que hacen.
  • Hablamos con más verdad porque realmente no somos videntes para saber que algo va a pasar sino que simplemente es una posibilidad dentro de lo que puede ser.

Muy frecuentemente escucho a muchos cuidadores usar estas palabras, yo se que no quieren que le pase algo malo al niño, es algo más bien que siempre ha sido así, pero hacer conciencia en este simple cambio hará una gran diferencia en nuestros hijos.

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