¿Qué es ser un niño grande?

Como papás estamos buscando constantemente que nuestros hijos crezcan, que avancen, que parezcan “niños grandes”. En cada edad hay acciones o elecciones con las cuales ellos demuestran que son “grandes” y eso implica ir renunciando lentamente a otras cosas de la infancia que también son hermosas. No sé hasta que punto su proceso de crecimiento natural está siento realmente natural o está siendo presionado por quienes los rodean, privándolos de gozar su infancia a plenitud…

Es triste que cuando uno se da cuenta que ser chiquito es lo máximo, ya es grande. Y con los niños pasa lo mismo, como dirían por ahí “del mismo modo pero en sentido contrario”, los pequeños siempre quieren ser niños grandes. Lo increíble de toda esta situación es que los papás (no se porqué lo hacemos porque sabemos que ser pequeño es mejor), estamos incentivando a que ellos quieran ser grandes, que ironía. Seguir leyendo

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Novena para niños

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Al ver la acogida que tuvo mi novena para niños, decidí completarla y ponerla más bonita. El texto es el mismo, solo que lo escribí de manera que pueda leerse mejor y pueda imprimirse. También añadí los gozos. Como les dije anteriormente en el post del año pasado, los gozos son divertidos así sean inentendibles entonces decidí poner DOS versiones, la tradicional y la modificada, así cada uno elige cual quiere leer.

Espero que gocen mucho esta Novena y que sus hijos puedan entender mejor que significa cada día y cada historia.

Encuéntrala aquí:

https://lagallinaylospollitos.com/2015/12/15/novena-para-ninos/

Carolina, una mamá súperheroe

Recuerdo cuando era pequeña, que a la primera finca que me dejaron ir fue a la de Carolina. Carolina ha sido mi amiga desde que éramos muy pequeñas, me acuerdo que en su finca desayunamos buñuelos y montamos a caballo. Caro tiene una familia hermosa, su mamá Olga era la mamá que más bonito escribía del salón, siempre admiré su letra en las notas que mandaba al colegio y tan linda como su letra era ella de querida y dulce. Fuimos muy amigas en el colegio y de 15’s nos mandaron juntas a una excursión. Pasamos delicioso y ella sale en casi todas mis fotos. Hubo algunos momentos de la adolescencia que nos distanciamos pero creo que en el fondo de mi corazón ella siempre estuvo ahí en primera fila.
Dentro de mis amigas más cercanas creo que yo fui la primera que tuvo hijos. Cuando Emilio mi hijo mayor estaba todavía muy bebé, recuerdo que un día Carolina me llamó muy angustiada, acababa de darse cuenta que estaba en embarazo, ella no lo estaba buscando, acababa de empezar un doctorado que duraba por lo menos 5 años, con una deuda gigante y un compromiso de tiempo más grande aún. No había mencionado que Caro se casó con su novio de toda la vida, que fueron novios desde lo 14 años y hacen una pareja hermosa. A pesar del susto del embarazo, la maternidad no es un inconveniente sino una bendición y Caro es una de las amigas más sensatas que tengo y supo llevar muy bien su embarazo y luego su maternidad.
Amalia nació a finales de agosto cuando mi hijo Emilio no había cumplido ni un año. Me acuerdo que fui a la clínica a cortarle las uñas y acompañé lo que pude a Caro mientras Amalia era pequeña, nos unimos mucho, pues eramos las únicas con hijos. Cuando Amalia tenía como 1 año o dos, Caro tuvo que viajar a Estados Unidos como parte del compromiso que había adquirido con el doctorado, tenía que irse sola, sin Amalia. Cuando pienso en eso, aún hoy después de 5 años me dan ganas de llorar, al recordar el dolor que tuvo que enfrentar de dejar a su bebé, que quedaba en las mejores manos y la estuvo visitando constantemente, pero no estar en el día a día de Amalia fue algo muy duro para ella. A pesar de todo, Carolina mostró su fortaleza y convicción de que estaba haciendo lo mejor para ella y su familia aunque implicara este sacrificio. Caro terminó su doctorado el año pasado, lo celebró con su esposo y sus hijos Amalia y Agustín, después de más o menos 6 años de constante trabajo, investigación y esfuerzo. Obtuvo muchos reconocimientos en su tesis de doctorado, obtuvo la mención Magna Cum Laude y hasta salió en el periódico. Pero para mí, este gran esfuerzo, este logro, este reconocimiento no es nada comparado a lo que ha vivido Caro con Amalia. Seguir leyendo

Ser o no ser “motrizmente reprimida”

Cuando yo era chiquita y estaba en el colegio, no me gustaba hacer educación física. Me parecía horrible darle vueltas al coliseo corriendo sin sentido, me aterraba la idea de sudar y llegar pegotuda a la clase siguiente, el salón caliente y todas las niñas sudando y calientes (gas!). Creo que fui, o fuimos (porque tenía combo) un dolor de cabeza para la profesora de deportes que terminó por ponernos a jugar ajedrez ante la rebeldía evidente del grupo de niñas que no queríamos correr y sudar (todavía me la encuentro y me da hasta pena saludarla). Seguir leyendo

Ser mamá para cambiar el mundo…

Ser mamá en esta época hace que muchas veces nos cuestionemos sobre la responsabilidad de esta decisión… Traer niños a este mundo tan violento??, tan contaminado..? dónde los recursos cada vez son más escasos, donde hay enfermedades, tristeza, historias que no somos ni siquiera capaces de escuchar, donde hay otros niños que están solos, sufriendo, donde importa más el dinero o los intereses particulares que las personas…, traer niños a este mundo… Para qué?
Varias veces me he preguntado eso, el mundo que me tocó no es el mismo que le tocó a mis abuelos, y ahora tengo un par de niños que tengo que enseñar a vivir, a sobrevivir y a ser felices pese a las cosas negativas que vemos cada día… que dificil puede ser…

Hace algunos días veía un capítulo de una de mis series favoritas y había una embarazada muy preocupada, analizando todos estos factores, muy temerosa de el mundo que le iba a tocar a su bebé, en la serie se le acerca una persona y le dice algo que me quedó sonando mucho: Somos mamás en este mundo porque podemos hacer la diferencia, porque en nuestras manos está criar personas que puedan vivir, adaptarse y ayudar a que el mundo sea un lugar mejor. He pensado mucho en eso, pues muchas veces me he preguntado y me he sentido “víctima” del mundo actual. A partir de esa reflexión, he comenzado a pensar diferente: tenemos en nuestras manos, las herramientas para hacer que el mundo pueda cambiar. Cada mamá con cada hijo es un granito de arena, que podemos cambiar y crear una masa crítica que ayude a que el camino de deterioro del planeta y de la humanidad cambie y mejore, y no sea un mundo peor sino un mundo mejor. También me he dado cuenta que nosotros y nuestros hijos somos una generación de guerreros que tenemos, que los vamos a preparar para luchar por salvar el planeta, que no nos vamos a conformar con que todo siga igual, con los cuentos que nos han “echado” y nos hemos creído, somos una generación más sensible, rebelde e inconforme. No comemos cuento fácilmente. Cada vez estamos sembrando más la semilla del cambio, de proteger el medio ambiente, de ser conciente de los sentimientos y de las necesidades de las otras personas, de cuidar nuestro cuerpo, de cuidar nuestro espiritu, de ayudar a los otros como el mejor camino para ser felices, de migrar de lo individual a lo colectivo, de que el bien común nos hace felices y de que en nuestras manos está enderezar el camino torcido, y hacer que muchas generaciones puedan vivir felices y tranquilas en este planeta.

Es un reto muy grande pero se que ya no somos víctimas de la circunstancias, somos el agente de cambio que puede hacer que la vida en este planeta sea cada vez más feliz, que vivamos en armonía y en libertad. En nuestras manos de mamás está la labor más importante del mundo, preparar a las futuras generaciones para enfrentar esa misión tan importante que tienen, para ser el cambio, para que sean concientes de esa misión. Todo esto no se logra mandandolos a un buen centro educativo, está en enseñarles por medio del amor y de la experiencia de cada día a ser personas buenas, sensibles y generosas. He entendido que mi labor como mamá y la de todas las mamás del mundo es la más importante para que el mundo cambie y pueda ser un mejor lugar para la felicidad de todos.

Vivir de amor, morir de amor

Muchas cosas han pasado en estos días. Ultimamente pasan muchas cosas en el mundo. Unos llegan, otros se van, y al final lo más importante es lo que queda…

Tuve la fortuna de tener a mi abuelita por 33 años. Más que ningún o ninguna otr@ niet@. Recuerdo que le decía “Uvita” o “Uvi”. Cuando yo era pequeña mi abuela tenía unas gafas grandes que usaba para coser, ella cosía mucho. Cosía mis disfraces, de hada madrina, de caperucita roja, de enfermera, los uniformes del colegio, vestidos para las fiestas. También cosía con unas agujas largas y tenía muchos botones, que me fascinaban. Mientras ella cosía yo los regaba sobre la cama y los organizaba por colores. También tenía unas revistas Burda, llenas de moldes para coser que a veces traían unas muñequitas para vestir. La recuerdo siempre muy tranquila, calmada y alegre. Siempre al lado de mi abuelito y pendiente de sus hijos y de sus nietos que poco a poco fueron llegando, a muchos nos cuidó y nos acompañó. Además de coser, empezó a pintar. Hacía unas acuarelas muy  hermosas. La paciencia que obtuvo al criar 8 hijos (de los cuales 5 eran hombres) le sirvió para sentarse largas horas a hacer unos hermosos cuadros. Su dedicación por el hogar, los hijos y los nietos la combinaba con sus clases de pintura y con la costura. Nunca la ví perder la cordura, siempre era alegre y tranquila. La única vez que la ví llorar fue cuando perdió a su hijo Diego, hace casi 30 años. Yo estaba muy pequeña pero nunca olvidaré la escena. También recuerdo el incendio que casi acaba con su casa. Fue en diciembre y estábamos todos en la finca, llamaron a media noche a decir que el apartamento se estaba quemando. Mis abuelos dijeron, aquí estamos todos, mañana vamos y vemos y volvieron a la cama. Hasta en esos momentos, la recuerdo tranquila.

Cuando empiezo a escarbar en mi mente en busca de recuerdos, me llegan muchas imágenes muy felices. Cuando yo era pequeña no sabía que a mi abuela le habían dado una sentencia de muerte antes de nacer su primera hija, mi mamá, no sabía que le dijeron que no iba a aguantar su parto, pero ella de manera milagrosa sobrevivio a ese y a siete más. No la recuerdo enferma, seguro no me daba cuenta si ella estaba algunos días en el hospital, pero me cuentan que su cuerpo siempre fue muy frágil y visitó mucho los hospitales. Luego fuimos creciendo y ella fue llenandose de nietos hasta completar 17. Siempre había algo que esperar: un bebe que iba a nacer, una primera comunión, un viaje, un premio. Y todos empezamos a convertirnos en ese motivo por el que mi abuelita se llenaba de entusiasmo para vivir. Pero su cuerpo poco a poco se iba cansando…

Lo malo de crecer es que empiezas a darte cuenta de muchas cosas, como por ejemplo de la fragilidad de la vida. Unos meses antes de mi matrimonio, mi abuelita tuvo una crisis y recuerdo mi angustia al creer que ella no iba a estar ahí. Lloré mucho pensando en que ella pudiera faltar. Pero su amor por todos nosotros y el nuestro por ella le dieron la fuerza para durar 8 años más.

Y todo el tiempo fue así, la fuimos llevando pasito a pasito, con motivos, a veces buenos y a veces algunos obstáculos, a traves del tiempo mietras su cuerpo se iba marchitando poquito a poquito, como una hermosa flor que aunque marchita se ve hermosa hasta el último suspiro. Durante todo este tiempo mi abuelita se volvió una mujer muy piadosa. La mejor amiga de Dios y de la Virgen. Todo el día oraba, llena de fé. Constantemente la llamábamos para que rezara para que nos fuera bien en alguna cosa pendiente. Estar en sus oraciones era como estar en la fila VIP de Dios. Con los años se fue volviendo cada vez más santa. Muchas visitas al hospital, sus brazos llenos de morados, sus pulmones necesitaban oxígeno para respirar, no podía caminar muchos pasos sin cansarse, y muchos momentos dificiles pasaron por su vida. Nosotros solamente veiamos un ejemplo absoluto de humidad, paciencia, resignación a la voluntad de Dios para ella. Ella no se iba porque su amor por nosotros y nuestro amor por ella no la dejaban. Ella sentía que no podía soltarnos y nosotros no la queríamos dejar ir. Pero AMAR ES DEJAR IR. Por eso, hace ya dos semanas, los medicos dijeron que mi abuela no aguantaba más. Habría que llenarla de aparatos para que ella pudiera vivir un poco más. Sus hijos decidieron que no querían ver sufrir más a su mamá. Y llenos de amor, todos en familia la acompañamos a partir.

El día no pudo ser más hermoso, con el cielo azul le dijimos que se fuera tranquila, que la queríamos y que siempre estaría con nosotros, en nuestro corazón, en nuestra vida. Ella estaba increiblemente tranquila, en paz, nos habló muy hermoso, nos dió la bendición, le dimos besos, abrazos, amor. Se fue apagando lentamente mientras todos sus hijos con sus esposos y esposas, y sus nietos le cantábamos las canciones que más le gustaban y le rezabamos sus oraciones favoritas. También fueron los curas, sus hijos putativos y la acompañaron a dar ese paso. Mi abuelita se fue tranquila y feliz. En el cielo la esperaba una fiesta. Ya no más oxígeno para respirar, ya no necesitas ayuda para caminar, puedes correr, volar libre, nadie te volverá a sacar sangre o a dar medicamentos. No los necesitas. Mi abuelita es amor puro y está con todos y cada uno de sus seres queridos.

No quiero recordar a mi abuelita sufriendo, a la que a veces me decía que ya no podía más, voy a pensar en la que me hacía los disfraces de caperucita roja, la que me cuidaba, la que se reía con los chistes que hacía mi tía Lina o mi tío Mago, la que se sentía tan orgullosa de mi y de todos, no importaba si era una beca de la universidad o un reconocimiento en la guardería, todo la ponía igual de feliz. Quiero recordar a la que se alegraba tanto cuando llegaban los niños, quiero recordar siempre la cara que hizo cuando le llevamos a Jero recién nacido (mi sobrino) de sorpresa al salir de la clínica para que lo conociera, mi “uvita” que dormía siempre su siesta con la cobija que le regalé con las fotos de mis hijos, que me regaló su talento para coser y pintar, y que casi siempre llenaba sus ojos de lágrimas cuando me despedía de ella. No voy a volver a llorar al salir de su casa por verla sufriendo o atrapada en un cuerpo que ya no funcionaba bien. Abuelita, siempre estarás dentro de mi, pienso en ti todo el tiempo y cuando me pongo un poco triste, pienso en lo feliz que estás y se me quita la tristeza, tengo en mi casa tu tarro lleno de botones, los regué, los ordené por colores y encontré botones que tenías desde que yo era pequeña y me sentaba en tu cama a jugar con ellos mientras a mi lado cosías con un par de agujas largas. Te amo y espero volver a verte algún día.

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Mojarse es delicioso!

Hace algunos días prometí a mis hijos que iríamos caminando a tomar el algo a una panadería cercana a nuestra casa. Muy pocas veces he salido a caminar con los niños pues me daba miedo yo sola con ellos tan pequeños e inquietos, que depronto salieran corriendo y no los pudiera controlar bien, pero ya han crecido y tienen un poco más de sentido de que es peligroso, son más obedientes y ya he logrado desarrollar un poco más de tranquilidad en que estaremos bien (fe). La verdad es que el camino a la panadería es corto (aprox 3 o 4 cuadras) y vi una buena oportunidad de pasar un rato agradable, diferente, para que aprendan a portarse en la calle y que conozcan más cosas de la ciudad.

Les dije a los niños  y estaban felices, miré por la ventana y vi una pequeña nube gris y les dije: “Niños, arreglense rápido para que salgamos que depronto va a llover”. Mi hijo pequeño empezó a ponerse los zapatos y luego me miró con la carita un poco angustiada y me dijo: “Mami, mejor vamonos en el carro”. Yo le dije: “Porqué quieres que nos vamos en el carro?” (me pareció muy raro porque estaban entusiasmados con el plan de caminar) y me respondió con un poco más de angustia: “Porque si llueve nos mojamos”…

Yo miré esa carita de 3 años y pensé, “un niño de 3 años angustiado porque se va a mojar…??” y se me arrugó un poco el corazón…. pensé en las veces que tal vez los he regañado porque se mojan, se ensucian o hacen algo de niños, que debería encantarles y ahora mi pequeño estaba angustiado porque se iba a mojar!!! No puede ser!!! Le dije: “Mi amor, pues si llueve, nos mojamos!!! y que rico, no pasa nada!” …. inmediatamente cambió su carita preocupada por una carita feliz, se acabó de poner los zapatos y salimos.

Empezamos a caminar y hasta me dijeron “mami, si eres loca, no va a llover, está haciendo sol”, pero la nubecita seguía por ahí rondando. Cuando faltaba una cuadra para que llegáramos a la panadería, estalló el aguacero!!! empezamos a correr y a reirnos, traté de que fuera divertido y corriamos y yo gritaba “Nos estamos mojando!”con mucha emoción. La gente en los carros nos miraba con risa y unos niños creo que con un poco de envidia. Llegamos a la panadería mojados y muertos de la risa, los niños estaban felices de lo que acababa de pasar y la verdad yo más, mi niña interna salió feliz a mojarse y a reirse y confieso que me hubiera gustado mojarme más 🙂

Le dí gracias al universo que me mandó la nubecita, que pudimos correr bajo la lluvia, reirnos, disfrutar, ser niños y compartir ese momento tan delicioso comiendo cinnamon rolls con la cabeza y la camisa mojadas y el corazón lleno.  Me prometí a mi misma que voy a dejar un poco más que se mojen, que se ensucien y que sean niños siempre.

Porqué las mamás no respondemos el teléfono?

El día que nació mi primer hijo comenzó. Muchas personas me llamaron a felicitarme, a expresarme su cariño por el nacimiento de Emilio, pero yo, no pude contestar el teléfono. Un bebe recién nacido ocupa tanto tiempo y tanta atención de la mamá, que muchas veces hasta olvidamos que tenemos teléfono. Con mi segundo hijo fue más fácil. Llamaban al papá, me ponían mensajes o simplemente me mandaban su amor y energía. Después de la primera semana les escribí a mis mejores amigas un mensaje que decía: “Gracias por no llamar, sé que estan ahí si las necesito, pero les agradezco con todo mi corazón que no me llamen”. Podría parecer un poco grosero, tal vez lo es, pero las mamás a veces no podemos contestar. A medida que pasan los años y mis hijos van creciendo, tengo algunos momentos en los que puedo contestar, pero algunos otros no. Ayer fue uno de esos días. Los niños claman por tu atención, hay que hacer tareas, sacar la ropa de la clase de karate, que uno se coma la fruta, que el otro se ponga los zapatos, definir que es la comida, que no hay pan para el sanduche de mañana, los niños pelean, y el teléfono suena…. y yo no puedo responder. Mis hijos han desarrollado la habilidad, que creo que es más bien de gusto, mas que coincidencia, de ponerse a pelear o a preguntarme cosas siempre que cojo el teléfono. Hay momentos en que tu cerebro tiene tantas tantas tantas cosas por resolver al mismo tiempo, que contestar una llamada no es precisamente lo más importante. Yo se que quien llama es porque quiere hablar contigo, quiere saludarte o necesita algo, pero es como si hace unos años uno llamara a una casa y el teléfono sonara ocupado. No contestar equivale a eso.

Así como me ha pasado, también he entendido que a veces llamo a amigas que tienen hijos y que no pueden contestar. Si te distraes en un sitio público con los niños, o si estás en el carro, es muy dificil hablar con tantas cosas que requieren de atención absoluta. El que me necesite urgente, que me escriba un mensaje de texto, el que quiera conversar tranquilamente después de las 8 es el momento. Los niños absorben toda mi atención, y a veces me siento como la señora de la foto:

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