Porqué las mamás no respondemos el teléfono?

El día que nació mi primer hijo comenzó. Muchas personas me llamaron a felicitarme, a expresarme su cariño por el nacimiento de Emilio, pero yo, no pude contestar el teléfono. Un bebe recién nacido ocupa tanto tiempo y tanta atención de la mamá, que muchas veces hasta olvidamos que tenemos teléfono. Con mi segundo hijo fue más fácil. Llamaban al papá, me ponían mensajes o simplemente me mandaban su amor y energía. Después de la primera semana les escribí a mis mejores amigas un mensaje que decía: “Gracias por no llamar, sé que estan ahí si las necesito, pero les agradezco con todo mi corazón que no me llamen”. Podría parecer un poco grosero, tal vez lo es, pero las mamás a veces no podemos contestar. A medida que pasan los años y mis hijos van creciendo, tengo algunos momentos en los que puedo contestar, pero algunos otros no. Ayer fue uno de esos días. Los niños claman por tu atención, hay que hacer tareas, sacar la ropa de la clase de karate, que uno se coma la fruta, que el otro se ponga los zapatos, definir que es la comida, que no hay pan para el sanduche de mañana, los niños pelean, y el teléfono suena…. y yo no puedo responder. Mis hijos han desarrollado la habilidad, que creo que es más bien de gusto, mas que coincidencia, de ponerse a pelear o a preguntarme cosas siempre que cojo el teléfono. Hay momentos en que tu cerebro tiene tantas tantas tantas cosas por resolver al mismo tiempo, que contestar una llamada no es precisamente lo más importante. Yo se que quien llama es porque quiere hablar contigo, quiere saludarte o necesita algo, pero es como si hace unos años uno llamara a una casa y el teléfono sonara ocupado. No contestar equivale a eso.

Así como me ha pasado, también he entendido que a veces llamo a amigas que tienen hijos y que no pueden contestar. Si te distraes en un sitio público con los niños, o si estás en el carro, es muy dificil hablar con tantas cosas que requieren de atención absoluta. El que me necesite urgente, que me escriba un mensaje de texto, el que quiera conversar tranquilamente después de las 8 es el momento. Los niños absorben toda mi atención, y a veces me siento como la señora de la foto:

DiasDificiles

Ser tía.

Poco me imaginé que el título de tía me iba a llegar tan pronto. Confieso que le pedí a Dios muchas veces que me diera un sobrino, creo que tal vez también ayudé con el pedido, pero la verdad lo veía lejos. Tuve el gran privilegio de recibir la noticia inmediatamente se supo y me llegó con una felicidad absoluta. Durante el embarazo de mi hermana sentí una alegría gigante y el día en que nació Jerónimo, el 3 de Enero de 2014, la emoción no me cabía en el cuerpo. Lloré de la emoción más que cuando fui mamá y pude disfrutar ese momento, con el sentimiento de tener un hijo nuevo, pero sin dolor, hormonas de por medio o alguna mínima preocupación. El pequeño Jerónimo invadió mi corazón, con un amor tan grande como el que tengo por mis hijos, tan grande que es imposible de medir, dimensionar, comparar o calcular. Cada vez que lo veo me deja hipnotizada, no quiero soltarlo, no quiero que nadie más lo cargue, y quiero quedarme con esa cosita en mis brazos sin que el tiempo se acabe. Me parece el bebe más hermoso sobre la faz de la tierra, en serio lo veo así. No veo la hora que me lo dejen a mi sola, quedarme con el en mi casa, cantarle, abrazarlo, darle muchos muchos besos y estriparlo pero pasito. El amor de tía es maravilloso, un amor delicioso y tranquilo. Sin responsabilidades ni preocupaciones, pero con la certeza de amarlo como a un hijo, de que sabes que siempre vas a estar ahí para el, que quieres que te sienta como a una mamá, y que siempre que yo exista nunca le faltará nada. Sobre todo amor.

Jeroyyo

Aventura en el Bosque

Este fin de semana tuvimos una experiencia extraordinaria. Estuvimos en un lugar que queda en Santa Elena llamado Montevivo, nos invitaron unos amigos muy especiales a dormir en una Maloka (casita donde vivían los indios). Confieso que al principio me dio un poco de susto pues no acostumbro a quedarme en un lugar que aparentemente no sea cómodo, pero la verdad es que el concepto de comodidad es relativo, y al fin de cuentas, la falta de luz artificial o de algunas comodidades cotidianas solo hizo que fuera más divertido.

El lugar en general era hermoso, parecía que uno se metira en el cuento de Caperucita Roja y luego llegara caminando a la casa de Hansel y Gretel….

Cuando llegamos estaba haciendo una tarde hermosa, esta es la Maloka donde dormimos…

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Luego de instalarnos en la Maloka, fuimos a recorrer el bosque con los niños. Fue una caminata muy linda y los niños usaron capas para que fuera mucho más mágico….

La entrada al bosque:

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Los niños…

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En la noche hicimos una fogata y comimos chorizos asados en la fogata con pan, luego no podían faltar los masmelos. También llevamos una calabaza de Halloween y nos divertimos mucho alrededor del fuego..

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Al día siguiente nos levantamos temprano, desayunamos y luego hicimos una actividad que se llama “reto aventura” que es pasar una serie de obstáculos que estan en lo alto de los árboles, por medio de habilidades físicas y obviamente bajo estrictas medidas de seguridad. Subimos los niños y las mamás que nos dimos de guapas y creo que nos dio más susto que a los niños… fue demasiado rico!

Mi hijo pequeño en lo alto de los árboles…

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Las mamás, con un poco de susto…

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Bueno, el fin de semana fue inolvidable, súper recomendado el sitio para ir a pasar el día o el fin de semana, hay muchas cosas ricas por hacer y lo más importante es que es en contacto con la naturaleza, ecologico!!!

Hacer pipí en un frasco…

Esta es una historia muy divertida que sucedió hace un tiempo. Alguien me recomendó que con los hijos hombres mantuviera en el carro una botella sobretodo cuando estaba en el proceso de quitar el pañal, pues era muy fácil para ellos orinar ahí y podía desbararme en algún lugar en el que el acceso al baño fuera complicado. Y lo hice.

Y sucedió entonces que un día salí sola con los dos niños a hacer una vuelta a una tienda muy grande, con un parqueadero muy grande, uno de 4 y el otro de 2 años que además acababa de dejar el pañal. Y resulta que salimos de la gran tienda, nos montamos en el carro, senté a cada uno en su sillita y me senté en la mía, puse la llave, accioné la llave para arrancar y escuché una vocecita: “Mami, quiero hacer pipí”.

Cabe aclarar que cuando un niño que acaba de dejar el pañal pide ir al baño, su tiempo de aguante puede ser aproximadamente entre 30 segundos y un minuto.

Para poder responder a su necesidad, atravesar el gran parqueadero, luego entrar en el gran almacén y llevarlo al baño, tenía que desamarrar a cada niño de su silla, cerrar el carro y salir corriendo con los dos. Calculé que no iba a alcanzar y en ese momento, me acordé de la botella.

Cogí la botella, era de té, estaba vacía obviamente y le dije a mi niño: “Orina aquí”. Y mi pequeño me miró y se rió, su hermano se rió y yo me reí. Mucho. Carcajada los 3. Luego mi pequeño orinó en la botella, todos no parábamos de reír, ataque de risa. No tuve que desamarrar a su hermano de la sillita, no tuve que atravezar el gran parqueadero, el gran almacén y llegar a un baño que no se ni donde estaba. La botella tenía tapa, la tapé y boté su contenido luego en el baño de mi casa.

Lo más curioso de esta anecdota es lo que sucedió después. A mis hijos les dió por tener ganas de hacer pipí en el carro cada vez que salíamos, una vez estaba con una amiga y dijeron: “queremos hacer pipí, mami, saca la botella”…. Casi me muero de la pena, que van a pensar, que la mamá les pone a hacer en una botella todo el tiempo, me tocó contar la historia entera….

No habíamos vuelto a usar la botella, pero hace poco veniamos en un viaje en carretera y nos tocó volver a usar el viejo truco pues no se podía parar. Fue más complicado porque les da pena y no lo podíamos mirar (ya llegó el pudor), pero la botella de nuevo, nos desbaró. Yo daría lo que fuera por poder orinar en una botella.

Los milagros son regalos de Dios…

Esta es la historia de una niña muy muy hermosa, que desde pequeña nació inundada de instinto maternal. Sus juguetes eran bebés, y hasta cuando ya no se usaba, pedía como regalo de navidad más y más bebés. Desde pequeña amó cuidar los bebés, practicó con sus primitos (tuvo muchos) y le encantaba cuidarlos, jugar con ellos, cantarles, arrullarlos, y cada vez más su corazón de mamá crecía y crecía. Dios la miraba desde el cielo y sonreía. Luego llegaron sus sobrinos. Sin creer que podía amar más, los quiso como hijos desde el momento en que nacieron y se convirtió en su segunda mamá, con ninguna diferencia de la mamá real, con el mismo amor, el mismo cariño, la misma dedicación.
Desde que Dios vio sus instintos y cualidades como mamá, empezó a buscar cuidadosamente cual podría ser el papá perfecto para sus hijos. Hizo una búsqueda muy grande, pensando en alguien que la quisiera mucho, que tuviera una familia hermosa, y que sin saberlo, tuviera todas las características para ser un gran papá. Se conocieron y tuvieron que pasar grandes obstáculos para que creciera un amor muy grande y fuerte, el que se necesita para crear una familia.
Poco después, un día cualquiera, esta niña que ya era grande, sintió un dolor muy fuerte y tuvo que ir donde el médico. Después de hacerse algunos exámenes y procedimientos, el médico le dijo que para ella iba a ser díficil tener hijos, que debía estar preparada para un largo tratamiento y que debía hacerlo rápido aprovechando que todavía era jóven. A pesar de esto, ella nunca perdió la fe y Dios nunca dejó de sonreír, pues para el no hay nada imposible.
Un día, el menos esperado posible, esta hermosa mujer se sintió extraña, no sabía que le pasaba pero lo que sentía no era normal. A pesar de que sabía que era casi imposible, se hizo una prueba y descubrió que iba a ser mamá. Al principio se asustó mucho pues no estaba preparada para esto, pero después de uno o dos instantes, se dio cuenta que Dios le había mandado un regalo maravilloso. Lo mismo sucedió con el papá de este pequeño bebe, y los dos se pusieron muy felices de recibir esta gran noticia.
El médico dijo que era un milagro y toda la familia estuvo feliz al saber la noticia de este especial bebe. La niña que ahora iba a ser mamá, no se sorprendió, ella sabía desde pequeña que algún día iba a ser la mejor mamá del mundo.

Uno, dos o tres??

Cuando se trata de pensar en cuantos hijos tener, me tomo mi tiempo una y otra vez. Siempre tuve claro que quería más de uno y cuando nació mi primer hijo esperé el tiempo prudente para buscar el segundo. Aunque confieso que siempre quise niñas, Dios me dio como regalo dos hombres, que se han convertido en un par de enamorados de la mamá y que no dejo de agradecer. Cuando nació mi segundo bebe me pareció muy duro pues el pequeño tenía un año y medio y yo apenas estaba recuperandome de todo el trabajo pesado que demanda un bebe. Fue un tiempo de dos bebes, con dos en pañales y demandando atención constante de la mamá. Desde el momento del segundo trabajo de parto y hasta que mi hijo pequeño tuvo 2 años dije: “No tengo más hijos!”, y llegué hasta a creerlo… pero ahora que mi pequeño está a punto de cumplir 3, me vuelven las ganas de tener otro pequeño en mi barriga y en mis brazos…

Se me olvidaron las horribles molestias de mis dos embarazos, los dolores tan fuertes de dos trabajos de parto (sólo recuerdo que le decía a mi esposo y a mi médico: Júrenme que no me van a dejar tener más niños), se me olvidó el dolor de los primeros días de lactancia y las duras noches de trasnocho, la insertidumbre de no saber porqué está llorando, el miedo a que se enferme, a que le duela algo, a que no sepa decírmelo y yo no sepa entenderlo. Ahora solo recuerdo la tierna mirada del bebe recién nacido cuando solo quiere a su mamá, cuando eres todo para el, cuando reconoce tu voz y se calma, tu olor y se queda tranquilo pegado a ti, la primera sonrisa, la boca sin un sólo diente… ese bultico que uno no quiere sino abrazar y besar.

No se si la vida me de más hijos, no es algo que sólamente dependa de mi o de yo querer, el mundo cada vez es más complicado, hay muchas exigencias, muchos peligros, muchas cosas que hay que tener en cuenta, pero me muero por abrazar y estripar otro chiquito, mis hijos ya están muy grandes y para mi no hay nada como un bebe….

Vamos a ver si luego puedo sentirme como la señora de este comercial… realmente ser mamá es lo mejor.

Los aliados en la educación de los hijos

Aunque quisieramos muchas veces que nuestros hijos no se movieran de nuestro lado, es claro que a lo largo de su vida, su crecimiento y su formación tendrán que cruzarse con muchas personas, muchas de las cuales nos ayudarán a enseñarles, a formarlos y a que sean mejores personas. Es un motivo de mucho análisis, reflexión, y hasta discusión, decidir quienes serán esos aliados, y con esto me refiero a las personas, centros educativos, clases extracurriculares, médicos, asesores en educación, etc, que van a acompañarnos durante el proceso de crecimiento de nuestros hijos. En este proceso, que mucha veces está influenciado por recomendaciones de personas conocidas, familiares, amigos, y muchas veces es ensayo y error, vamos aprendiendo a elegir quienes nos acompañan y quienes no.

Una de las cosas que me ha impactado en mi labor de mamá, es el profundo agradecimiento y cariño que se toma a las personas que nos dan su atención y amor en este proceso. No hay nadie más importante en la familia cuando el bebe nace y durante sus primeros meses, que el (o la) pediatra, que creo que su labor muchas veces más que aliviar al hijo, es tranquilizar a la mamá, sobre todo esos primeros meses de tanto aprendizaje (lease primiparada). A su lado, otro tipo de médicos, según la necesidad de cada niño (en mi caso tengo una otorrinolaringologa que amo).
Luego llegan los maestros, que vienen de la mano de las instituciones educativas que elegimos. Y esto es muy delicado, pues en este tema muchas veces, otros se quieren meter, pero la elección debe ser 100% de los papás. O sea, lo que los papás quieran para su hijo, y que tengan los valores y las características que queremos que aprendan nuestros hijos. Dentro de estos maestros, resalto el amor. Y pienso que una combinación de amor y conocimiento (o preparación), hace que sean perfectos y que los amemos. Y cuando dejamos nuestro hijo pequeño en una guardería, solo por primera vez en la vida y es recibido con amor, con atención, enseñandole a ser independiente pero paso a paso, no hay mayor tranquilidad. Cuando vemos que se quedan felices, que estan casi en mejores manos que en las nuestras, no hay cómo pagarlo. Por eso es dificil a veces aguantarse las ganas de abrazar y besar a la profesora. En este sentido también me siento muy afortunada. He tenido profesoras maravillosas durante este camino.
En otro nivel, están también los asesores en educación, los cuales nos aconsejan en situaciones especiales, leemos sus libros o artículos o nos ayudan en algunos momentos de duda. También es importante saber elegir a quien escuchar, alguien que se sintonice con tus ideas, con tu corazón y con lo que quieres para tus hijos. Todos no son para todos, pues todos no somos iguales. Es importante saber a quien escuchar y a quien ignorar.

Aprovechando el día del maestro que fue la semana pasada quiero aprovechar para rendir un homenaje y expresar mi gran gran gratitud y a las doctoras que me han acompañado en este proceso (que apenas comienza), pues han sido mis maestras,  a las profesoras de mis hijos porque siento su amor en cada paso que damos juntos y gracias a el, mis niños han logrado caminar tranquilos, aprender, superar obstaculos y crecer. Y también a las expertas que me han ayudado a tomar las decisiones correctas, aun me equivoco mucho pero voy en este mismo camino de aprender a ser una buena mamá y de formar a mis hijos para ser buenos ciudadanos y para hacer felices a quienes esten a su alrededor.

 

Nada como el día de la madre!

Nada que me emocione más que el día de a madre. Es como el cumpleaños pero mejor, es como un cumpleaños pero compartido o sea una fiesta colectiva con un motivo común, el cual es fenomenal. A pesar de que me emociona mucho, todos los días de la madre que me han tocado no han sido lo mejor para mí. El primero me enfermé, tuve fiebre y luego me hospitalizaron. Hace 2 años, tuve a mis hijos operados de tubitos de los oidos, y además nos toca ir de casa en casa (abuelas, suegra, etc), lo cual genera un poco de carreras y stress. A pesar de estos pequeños inconvenientes me encanta el día de la madre y varios días antes, me imagino mis tarjetas y mis regalos, y hasta hago lista de antojos.
Este año en particular ha sido buenísimo, pues mis hijos me están preparando una “sorpresa” en la guardería y el chiquito todo el día me cuenta que es la sorpresa (una mata) y su hermano lo quiere matar, entonces me hago la “sorda”, como si no hubiera escuchado nada y listo, aunque el pequeño me grita y me repite que es (UNA MATAAA!!!), me hago la que no entendí. Es hermoso ver la emoción de Emilio guardando, protegiendo ese gran secreto, contando los días para que sea el día de la madre.
El día de la madre, es un tributo, un reconocimiento, a un gran sacrificio que se hace cuando nosotras mismas dejamos de ser lo más importante en nuestras vidas y ahora es alguien ( o alguienes) más. Siento que es el día en que celebramos el maravilloso privilegio de vivir en un nivel diferente, más lleno de amor y entrega. La satisfacción de darlo todo por una sonrisa o un “ti amo mamita”.
Me encanta que mis hijos lo valoren, gracias a mi que digo cada día con emoción “ya casi es el día de la madre!!” y que aprendan a valorar a su mamá, que tanto los ama y tan pendiente esta de ellos. Y me encantan los regalos, pero no regalos caros, sino dibujos, tarjetas, manualidades, abrazos, besos, cosquillitas, desayuno, palabras lindas… Que felicidad, y ya sólo faltan 3 días!!!

Donde está la felicidad…?

Las últimas semanas estuve ocupada, organizando una gira de Angela Marulanda, para el que no sepa quien es, es sociologa, y ha estudiado mucho sobre la familia. Ha escrito 3 libros, y ha dictado conferencias en más de 15 paises. Tuve la fortuna de conocerla y ahora soy su representante para Colombia. Lo que más me gusta de este trabajo, es que he aprendido cantidades. Resulta que todos en la vida nos preparamos por mucho tiempo para ser profesionales, vamos al colegio durante 14 años, vamos a la universidad, hacemos especializaciones, maestrías, doctorados… todo para ser un buen profesional… no suena una exageración?? Pero para el papel más importante de nuestra vida, que es ser papás o mamás, no estudiamos absolutamente nada!! Y claro, las teorias que vemos en el colegio, teorema de pitágoras, leyes de la naturaleza, física, química, historia, culinaria, o lo que sea que estudiemos por lo general son cosas que no cambian, si sumas 2 más 2, siempre dará 4, y todo un poco más complejo, pero básicamente sucede de la misma manera… en cambio, con los hijos, ni idea, y nos encontramos en millones de situaciones que no sabemos que hacer o como actuar. Lo peor de todo, es que resulta que nos tocó vivir en una época muy dificil, donde está cambiando todo, cuando eramos pequeños lo más avanzado era un TV a color con 3 o 4 canales, no existian los computadores, y menos el wifi. Pueden imaginar un niñito de ahora que no sepa majear un ipad? Con todos estos cambios, la sociedad también cambió, y dentro de eso la familia, por eso los papás de ahora, digamos que estamos más desubicados que nunca. Hay cantidad de peligros a la mano de nuestros hijos, cantidad de situaciones que ni idea como manejar, porque creo que ni siquiera hemos tenido tiempo de fijar una posición clara frente a lo que está pasando (adopción de hijos por parejas del mismo sexo, aborto, etc).  Y para nuestros hijos, nosotros somos el soporte, la estructura, los pilares de su vida y su seguridad, y si estos pilares no tienen claro que hacer, ni como actuar, es como si vivieran en un terremoto, lo cual no es bueno para que ellos crezcan seguros y puedan ser felices……

Felices??? Sí, eso es otra cosa, la sociedad de consumo nos ha vendido la idea de que la felicidad es estar a la moda, comprar el carro más moderno, tomar tal marca de gaseosa, pintarse las uñas de colores, ponerse zapatos de suela rosada, comprar el computador más liviano, juguetes de fisher price o pañales con gel que absorben la humedad. Y todos nos hemos creido ese engaño y seguimos comprando todo lo que sale en tv, en radio, en vallas, lo que tiene el vecino, tratando de buscar la felicidad, en un lugar que nunca la vamos a encontrar. Y como queremos que nuestros hijos sean felices, no hacemos sino comprarles todo lo que venden en los catálogos que llegan en el periodico, en la tv, y lo que tienen los amigos…… Malas, noticias (o hasta buenas), la felicidad no está ahí.

Bueno, todo esto lo aprendí con Angela Marulanda, durante este tiempo que la he acompañado y la semana pasada en sus conferencias:  la felicidad, no es un objetivo, sino un resultado…. y es un estado profundo de satisfacción personal, que resulta de lo que hemos dado y servido. Oigan bien! la felicidad viene de DAR, no de RECIBIR. Por lo tanto, no debemos darles regalos a nuestros hijos todo el tiempo, debemos enseñarles el valor de dar. Porque lo verdaderamente fundamental en la vida no cuesta dinero. Como hacerlo? Una idea maravillosa es decirle a los hijos (y también los papás), que busquemos hacer una buena obra por alguien cada día. Puede ser algo simple, ceder el puesto en una fila a alguien que tiene más afán, darle algo de comer a alguien que tenga hambre, compartir, prestar los juguetes, ayudar a la profesora. Hacerlos concientes de cuales son las buenas obras que hicimos en el día, es comenzar a crear un hábito de ayudar y de hacer algo por los otros, que va a llenar de felicidad a nuestros hijos. No nos sigamos comiendo el cuento de que la felicidad está en lo que compramos, sino que empecemos a enseñar a nuestros que es mejor dar que recibir. Y como papás, a leer, a escuchar a los expertos y a buscar la manera de ser buenos papás, y no papás analfabetas, sino papás educados 🙂

Para más información sobre Angela Marulanda su pag web es http://www.angelamarulanda.com

Grandes pequeños logros

Hace un mes no escribia algo por aquí. Tuve varias actividades de las cuales pronto escribiré. Y como sucede cuando tienes pequeños, todos los días pasan cosas y los niños crecen a toda velocidad y por esto, siempre hay historias que contar. Mi historia de hoy tiene mucho que ver con la paciencia de la que he hablado tantos y también con el esfuerzo y la dedicación. En realidad son dos historias, una de cada uno de mis hijos…

Empecemos con el primero, Emilio…

Emilio entró a clase de natación cuando tenía un año y un poquito… Me acuerdo que me metía con el cada 8 días en la piscina, ya estaba embarazada de su hermanito, y pueden imaginarse lo jarto que es vestido de baño y todas las actividades que esto conlleva, pero bueno, lo hacía con mucho amor porque pienso que la natación más que un deporte, en los niños es una actividad necesaria de supervivencia. Cuando llevaba a Emilio a natación, veía unos niños muuuy grandes que nadaban muy bien, se pasaban la piscina de un lado a otro por el lado corto y hasta algunos por el lado largo, y pensaba: cuando será que mi niño va a estar así…… Y como todo lo que tiene un proceso, poco a poco, muy lentamente, Emilio aprendió a meter la cabeza, a aguantar la respiración, a hacer patada, a nadar apoyándose en otros objetos, luego pudo hacer clase solito, todo esto con mucha constancia, sacrificio, y paciencia. Hace un par de semanas, Emilio pudo pasarse la piscina, no sólamente por el lado corto, sino también por el largo, sin ayuda, solito, y luego de recordar las primeras clases, en las que me metía con el a la piscina, en las que le echaba agüita en la cara con una jarrita para que aguantara un par de segundos la respiración, me di cuenta que mi niño es como los niños grandes que veía hace 3 años, y aunque todavía le falta mucho, su esfuerzo, práctica, valor (muchas veces tuvo miedo) y nuestro sacrificio y paciencia logró este gran progreso. Me siento muy orgullosa!

La segunta historia es algo hermoso, que tiene que ver con mi hijo pequeño, que como ya había mencionado ha tenido algunas dificultades con su lenguaje (aqui se cuenta mejor esa historia). Siguiendo el consejo de algunas expertas he sacado más tiempo para el solito, para jugar, para mostrarle como se dicen mejor las palabras que le cuestan dificultad. Hace un par de semanas, me senté con el a hacer algunos ejercicios (a manera de juego) y logré que aprendiera a pronunciar un fonema que le causaba mucha dificultad: KA, KO, KE… Nunca me había sentido tan feliz por una cosa tan simple en la vida, nunca me había sonado tan linda la palabra casa, cama, queso, coco…. juro que esa noche casi no me duermo de la emoción… Y aunque apenas lo está incorporando a su lenguaje, es un gran logro que haya podido pronunciarlo bien.

Les digo a mis hijos que para uno lograr algo que le parece dificil requiere mucho esfuerzo. Algunas veces tarda unos días, semanas o puede ser un proceso de varios años. Pero el entusiasmo, la paciencia y la perseverancia, se unen y nos ayudan a que el resultado se logre y a que la satisfacción sea la mejor recompensa!