La importancia de las amigas mujeres

Todas las mujeres somos distintas. Unas crecemos siendo más amigas de los hombres y otras (la mayoría) con más amigas mujeres. En cualquiera de las dos opciones, llega un momento en que te das cuenta la importancia de las amigas mujeres. En este post les cuento porqué las necesito tanto ahora.

la-importancia-de-amigas-mujeresCrecí en un colegio femenino. Tengo una hermana y la mayoría de mis primas son mujeres (tengo 13 primas). Soy muy femenina y siempre me gustó jugar muñecas, barbies y escuelita. Tenía claro desde pequeña que quería ser mamá, casarme a los 24 y tener hijos antes de los 30. Me encantan los papelitos, cinticas, todo lo rosado, las muñecas. Me disfracé de enfermera, hada madrina, caperucita roja y amo las películas de princesas (aún a mis 36). A pesar de todo esto, cuando comencé mi adolescencia y durante la universidad, mis mejores amigos siempre fueron hombres. Seguir leyendo

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Las mamás tenemos que cuidarnos

Cuando uno es mamá el tiempo personal desaparece. Recuerdo cuando mi hijo mayor nació, pensé que nunca más iba a poder arreglarme las uñas, ir a la peluquería o maquillarme. Me bañaba en dos segundos me vestía a mil, no tenia tiempo de depilarme, de peinarme bien o de hidratarme. El embarazo te deja el cuerpo como en la postguerra, y uno poco a poco se da cuenta que lo puede ir recuperando. Con los hijos el tiempo personal se vuelve muy restringido y así aprendemos a valorarlo más y a disfrutar cada instante que tenemos para cuidarnos.

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Donde dejé la memoria…?

memoriaCuando yo era chiquita era súper inteligente, me iba súper bien en el colegio, mi materia preferida era matemáticas, me encantaba todo lo que tuviera que ver con ejercitar mi mente. En la U mis amigos me gozaban por nerd y yo lo aceptaba con orgullo, siempre he sido y me ha encantado ser nerd, he estado en muchas actividades, me ha encantado aprender y tenía una memoria prodogiosa…. Tenía?. Sí, tenía. De eso si me acuerdo…
Cuando quedé en embarazo, empezó la torpeza y los olvidos. Bueno, la torpeza ya la tenía de antes, pero la mala memoria no. He escuchado y leído muchas teorías, que el cerebro se inflama, que las hormonas, que el cansancio, lo emocional, y en realidad no se que es lo que hace que tu estructura mental cambie y que quede distinta a lo que era antes. Y ahora, 6 años después de haber dejado de estar embarazada, siento que mi memoria de antes no va a regresar.

La falta de memoria ha hecho que tome algunas medidas en mi vida, como estas: Seguir leyendo

Llegó el momento de pensar en mi

Cuando uno tiene hijos se olvida de uno. Es como una abalancha de tareas, todo el tiempo tu bebé te necesita, hay que alimentarlo, cambiarlo, ayudarle a dormir, se despierta cada tres horas, llora y uno no entiende que será lo que le pasa, viene gente a visitarte, y entre el bebé, las visitas, la nueva rutina que llegó sin uno estar preparado (por muchos cursos prenatales que uno haga, no se imagina todo lo que será sino hasta vivirlo), uno se olvida de uno. Y como la vida sigue así, el bebé con sus necesidades, el trasnocho, el cansancio, la adaptación a esa nueva dinámica familiar, etc, uno se acostumbra y cree que la vida ya es así. Me acuerdo la angustia que me daba al pensar que había perdido mi vida para siempre. Afortunadamente tuve amigas que me decían que eso no iba a ser así siempre. No podía sentarme a comer tranquila, bañarme, o arreglarme sin que hubiera alguna interrupción, y ni se diga de otras cosas de “lujo” como por ejemplo ir a la peluquería, estar con las amigas o hacer una siesta. Porque con un bebé pequeño, hasta ir al mercado se vuelve un momento añorado y casi imposible. Seguir leyendo

Ser o no ser “motrizmente reprimida”

Cuando yo era chiquita y estaba en el colegio, no me gustaba hacer educación física. Me parecía horrible darle vueltas al coliseo corriendo sin sentido, me aterraba la idea de sudar y llegar pegotuda a la clase siguiente, el salón caliente y todas las niñas sudando y calientes (gas!). Creo que fui, o fuimos (porque tenía combo) un dolor de cabeza para la profesora de deportes que terminó por ponernos a jugar ajedrez ante la rebeldía evidente del grupo de niñas que no queríamos correr y sudar (todavía me la encuentro y me da hasta pena saludarla). Seguir leyendo

Brindo por tí y por mí!

Afortunada o desafortunadamente con esta condición de madres, que a veces nos toma por sorpresa (así estemos planeando el embarazo por mucho tiempo), somos humanas. Esto significa que la mayoría del tiempo hacemos nuestro mejor esfuerzo por ser la mejor madre, por recargarnos infinitamente de paciencia, por cantar como Barney todo el día, por reirnos cuando el muchachito hizo el reguero en el piso, por respirar profundo cerrar los ojos, contar hasta 10 y hablar con una voz dulce como Blancanieves. Pero esa cualidad de humanidad trae consigo la condición especial que hace que en algunos (o muchos) momentos estemos cansadas, que hayamos dormido mal porque el hijo tuvo fiebre, que estemos estresadas por un proyecto, que estemos enregladas, que no nos provoque hacer recreación ni cantar, que no nos aguantemos el rebote de la pelota por la casa y que queramos dormir toda la tarde sin poder o sin importarnos que el niño tiene los ojos cuadrados de ver televisión. A veces pienso que Dios es muy arriesgado dandole niños a mamás que no sabemos ni pio de maternidad, que no hicimos curso ni tenemos diploma y que todos los días se presenta una nueva situación que muchas veces no sabemos manejar y en un gran pocentaje de ellas hacemos lo que no se debe. O sea, puro improvise. Seguir leyendo

Me siento como en vacaciones

Una de las cosas que no advierten y cuentan cuando uno va a tener hijos (además de que no vas a volver a dormir una noche entera, que no vas a volver a tener el mismo cuerpo, de que tu corazón crece y el amor es infinito, etc etc etc) es que se acabaron las vacaciones.
Sí, esa hermosa definición de vacaciones, ese concepto que uno veía cuando estaba en el colegio como el paraíso, no tener que madrugar, no tener que hacer nada, no tener que ser responsable de algo, ese concepto de ensueño desaparece el día en que eres mamá. Seguir leyendo

Aprender a patinar a los 35

Todo empezó cuando llevé a mis hijos a clase de patinaje en vacaciones. Me sentaba en la gradería a esperarlos, pero veía a muchas personas (niños, jóvenes y adultos) en la pista patinando. Me parecía tan delicioso y me di cuenta que también había clases para adultos.
Cuando yo estaba chiquita, estuve en clases de patinaje e hice muchos niveles, hasta que un día tuve una caída muy fuerte y me tuvieron que coser en la rodilla, desde eso no volví a patinar.
Con las clases de mis hijos me volvieron las ganas de patinar y la coordinadora del Club de Patinaje de Envigado me recomendó hacer un par de clases personalizadas para coger un poco de seguridad. Y así fue. Seguir leyendo