Tener un hijo pre adolescente

Tener un hijo no es sólamente recibir a tu bebé en brazos, darle teta y enseñarle a hablar. Todos nos imaginamos el momento romántico, pero como todos los romances, van pasando y cuando menos nos damos cuenta esa etapa se fue para no volver.
¿Cómo es tener un hijo pre adolescente? Tan positivo como cualquier otra etapa si sabes disfrutarla y vivirlo con amor. Aquí les cuento…


Los hijos crecen demasiado rápido. Tan rápido que no tenemos tiempo de darnos cuenta hasta que ya pasó… Creo que esta es una de las frases más trilladas de la maternidad, y es que creo que es trillada porque aunque la oímos todo el tiempo, realmente es algo que nos sorprende, y no logramos tragar entero que nuestros hijos crezcan tan rápido. Seguir leyendo

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Todo por una sonrisa

Las mamás hacemos muchas cosas por nuestros hijos. Muchas de esas cosas implican dejar a un lado el tiempo de uno, el momento de descanso y hasta algunas responsabilidades. Todo lo hacemos muchas veces sin esperar nada a cambio, porque una carita o una sonrisa puede recompensar todo lo que se invierte y dejarte recargada.

Mi hijo Pedro cumple años en vacaciones. Nunca le ha tocado celebrar el día de su cumpleaños en su colegio y nunca le tocará. Para un niño cumplir años en el colegio puede ser algo así como lo más maravilloso, pues ese día es el rey, todos lo felicitan y además en el caso del colegio de mis hijos, la mamá sube en la media-mañana con una torta y le cantan el cumpleaños todos los compañeros del salón. Eso nunca le había pasado a Pedro. Seguir leyendo

Mami, acompáñame a dormir.

Muchas veces queremos imponer reglas o forzar a nuestros hijos a que hagan algo porque ya están “en edad” para hacerlo. A veces no nos damos cuenta que detrás de lo que ellos nos piden hay una necesidad oculta. En esta historia de “Mami, acompañame a dormir”, les cuento como descubrí que la mejor manera de que mi hijo sea seguro e independiente no es forzándolo. Que a veces ellos nos piden una cosa, pero en realidad están buscando otra. 

mami-acompaname-a-dormirMi hijo Pedro es un pegote de la mamá. Muchos que lo conocen saben que vive con el complejo de Edipo alborotado y hasta le dicen “Edipito” (a espaldas de el obviamente). El vive enamorado de mi y obviamente, yo de el. No pasa un día en que el no se me acerque en repetidas ocasiones, me de un beso, un abrazo, me diga “te amo mami”, así, espontáneo. Yo no puedo evitarlo, me derrito. Me derrito al verlo, me derrito con sus abrazos y muestras de amor, quien no. Una de las cosas que más duras me han parecido en la crianza de Pedro ha sido ayudarlo a aprender a desapegarse de mi. Yo entiendo ( y el también) que debe vivir tranquilo sus espacios, que no debe llorar cuando se separa de la mamá y el solito, con una madurez que me sorprende a sus 6 años y medio, lo entiende y lo proporciona: “mami, no me acompañes a la buseta”, “mami, no me lleves al colegio porque me quedo llorando”. El sabe que cuando se separa de mi pasa feliz, pero ese momento de transición aún le da duro.

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El arte de esperar

Dicen que uno no valora a la mamá hasta que tiene hijos y realmente es muy cierto y una de las cosas más dificiles que he sentido en mi maternidad es la gran cantidad de tiempo que damos a nuestros hijos, una cosa que si se pagara no habría con qué.  Al comienzo se vuelve hasta pesado, sobre todo cuando estábamos acostumbradas a tener el tiempo para nosotros y a ser productivas. Ahora todo se maneja a otro ritmo.

mujeres-papas-mamas-esperando-hijos-actividades-deportivas-blog-maternidad-la-gallina-y-los-pollitos-medellinLas mamás desarrollamos la paciencia cada día y una de las principales prácticas para esto es la de esperar.  Escribo este post mientras espero a mi hijo en una práctica deportiva que dura hora y media, pero para que el pueda hacer su clase yo invierto aproximadamente 4 horas de mi tiempo, esto 2 veces por semana. Se que lo que yo invierto puede ser poco comparado con otras mamás que tienen más hijos o más compromisos y con todo el amor del mundo regalan su tiempo para que sus hijos puedan practicar sus actividades. Verlos hacerlo nos hace felices.

Veo muchas mamás y papás todo el tiempo en graderías viendo clases, partidos, competencias, haciendo barra o haciendo fuerza, aguantando frío o calor, incomodidad, cansados, todo eso y mucho más. Ahí vuelvo y compruebo que uno no valora a los papás hasta que lo vive, porque ser mamá y papá es dar,  con el amor más grande y sin esperar nada a cambio, solo la satisfacción produnda de verlos caminar hacia sus sueños.

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¿Porqué será que los vemos tan divinos?

Una de las cosas que más me ha sorprendido y me sorprende cada día de ser mamá, es la capacidad que tenemos para ver a nuestros hijos hermosos. Es como si a uno le anularan un área del cerebro donde ve todo de manera objetiva, con los hijos se bloquea esa zona y todo el amor que les tenemos mete un filtro que hace que siempre los veamos lindos.
Recuerdo cuando llevaba a mis hijos a clases más pequeños y me quedaba sentada observándolos. Yo los miraba y luego miraba a los demás niños del salón y siempre me parecía que el hijo mío era el más lindo de todos (en serio). Luego veía a las demás mamás igual de derretidas que yo (porque es que si uno los ve lindos siempre, cuando están pequeños los ve más), y pensaba: Ellas también deben creer que el de ellas es el más hermoso. Un día no me aguanté y les dije a esas 5 o 6 mamás: “Cierto que ustedes creen que el de ustedes es el más lindo de todos?”, y adivinen que me dijeron: “Siiiii” (Yo lo sospechaba desde un principio).
He oído muchas historias de que las mamás sufrimos cambios definitivos en el cerebro, en muchos aspectos, como por ejemplo la memoria, que de ella escribí en mi post anterior, uno de esos cambios mágicos es verlos siempre hermosos. Es increíble el poder del amor. Mi hijo Emilio tiene dos dientes gigantes, parece una ardilla de las de Chip y Dale, y eso que ya ha mejorado un poco, pero es su momento más ardillezco yo lo veía divino con esos dientotes, y así cada uno con sus características, peludo, orejón, flaco, gordo, lo que sea, no importa, los veo siempre hermosos. Cuando se ponen bravos, cuando lloran, cuando hacen cara de fo, hasta cuando están groseros, siempre los veo y me derrito.
img_6708No a todas les pasa, tengo una amiga que reconoce que sus hijos no han sido lindos siempre y seguramente habrá muchas que tienen el cerebro menos afectado que yo, pero conozco muchas otras que sin pena, en cualquier sitio público le dicen a uno: No son divinos? (refiriendose a sus hijos), yo la verdad no los veo tan bonitos (como los mios), pero esa mamá si. Si ven, es como un daño cerebral.
Los hijos crecen y dejan de ser tan tiernos y gorditos como eran antes, se estiran, les salen dientes grandes, luego les empieza a crecer todo y por lo menos hasta ahora yo los sigo viendo divinos. No se si el daño me quedó en el cerebro o de verdad es que son tan lindos, lo único que tengo seguro es que me siento feliz y agradecida de tener unos niños tan preciosos, si son lindos o feos no me importa, yo los veo divinos y creo que los seguiré viendo así, de todos modos para corroborar le preguntaré a mi esposo, o a mi mamá…. Jaaaaa!!!

Ser la peor mamá del mundo.

Cuando se trata de decir si somos buenas o malas madres, muchas nos tiramos duro a nosotras mismas.

Personalmente varias veces me he sentido la peor mamá, especialmente los últimos días de vacaciones cuando mi paciencia ya rebosó los límites y los niños piden a gritos en silencio un espacio diferente a las 4 paredes de la casa, haciendo que la mamá enloquezca poco a poco.

Me he sentido la peor mamá cuando no hago las actividades que quisiera hacer con ellos porque tengo que trabajar o tengo pereza o estoy cansada, cuando les hablo un poco más duro de lo que debería (un día le grité a mi hijo en Falabella delante de varias personas), cuando quiero que desaparezcan un ratico de mi vista (y se los digo), cuando les digo algo que no debería y a los cinco segundos me arrepiento, cuando pienso “será que lo traumaticé?” o “será que me lo estoy tirando?”, cuando no soy capaz de cumplir una amenaza o cuando ni siquiera soy capaz de amenazar y me hago la loca para evitar una pelea.  Seguir leyendo

Mi “Oto” hijo

La vida es hermosa y yo siempre quise tener muchos hijos (por ahi 5), pero eso del embarazo, parto, posparto, salud, educación y finanzas para tener muchos hijos nos lleva a que no siempre se pueda tener la cantidad enorme de hijos que quisiéramos… Pero digo que la vida es linda porque nos aparecen hijos por ahí que no salieron de nuestra barriga pero que los sentimos casi como propios.
Antes de tener a mi tercer y cuarto hijos, mis sobrinos Jero y Ato, yo tuve oto hijo que es Martín.

Mi oto hijo
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Libros que me hacen llorar

Confieso que soy súper llorona. Desde chiquita, sino me creen pregúntenle a mi mamá. O a cualquiera de mi familia… es algo con lo que vengo de fábrica. Y confieso que no me molesta ser llorona. Sobre todo cuando la mayoría de veces que lloro es por algo chévere. Y muchos se reirían de mí, porque lloro con muchas películas, sobre todo las de Disney o Winnie Pooh, así me la este viendo por octava vez. Lloro con todos los comerciales emocionantes, lloro con los videos de superación personal, y con los de maternidad sí que lloro (no importa si es la primera vez o si ya me lo he visto 20 veces)…Lloro en la entrega de notas, en el primer y último día de colegio, y todo lo que me emociona mucho me hace llorar.

Y con los libros no me quedo atrás. También debo decir que los libros me fascinan. Desde que aprendí a leer no hay un mejor regalo que un libro y lugar que me encante tanto como una librería.

Hace un tiempo me recomendaron unos libros y he ido comprando para mis hijos pues me encanta leerles y que ellos aprendan a amar la lectura. Y dentro de esos libros hay unos que siempre me hacen llorar.

Los dos primeros son unos clásicos de la literatura americana, “Adivina cuanto te quiero” (Guess how much i love you – Sam Mc Bratney) del que sale la famosa frase: “Te quiero hasta la luna y de vuelta” (I love you to the moon and back) que está plasmada en cuadros, en cuartos y en muchas partes sobre todo en Norte América. El libro es hermoso y SIEMPRE que lo leo no puedo evitar que se me corte la voz. Mis hijos ya lo saben y yo les digo: “Niños, voy a llorar” y ellos me abrazan o se ríen de mi (o uno me abraza y el otro se ríe).

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El otro que me hace llorar igual se llama “Siempre te querré”, adaptado del libro “Love you forever” en inglés de Robert Munsch. También es divino. Tiene una frase hermosa “Siempre te amaré, siempre te querré, mientras en mí haya vida, siempre serás mi bebe” que se repite todo el libro. Me encanta y lloro.

En la colección Buenas Noches también hay unos libros hermosos, y he llorado con varios, pero los que más me conmueven son los de mamás. Estos nos los regalaron hace poco y me parecen divinos. A mis hijos tambiés les gusta y se rien cuando les digo “voy a llorar”. Les explico que lloro porque las historias son hermosas, cargadas de amor. Se llaman “Mi mamá es mágica” (que dice toda la verdad) y “Choco encuentra una mamá”, que habla del amor de una mamá, que va más allá de que el hijo venga de ella o sea diferente.

Y me encanta, que por medio de los cuentos alguien haya tratado de expresar la dimensión del amor de un papá o de una mamá hacia un hijo, en palabras fáciles para que los niños entiendan, o por lo menos traten de dimensionar una pequeña parte de este gran amor.

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El primer año de una mamá

El primer año de un niño, es también el primer año de una mamá. Y es así, porque cuando eres mamá vuelves a vivirlo todo. Ahora con toda la conciencia y con toda las emociones posibles. Quiero compartir un comercial que hizo Pampers en Japón con ayuda de los papás, para reconocer todo el esfuerzo que hace una mamá en el primer año de vida de un hijo. Es hermoso, lloré al verlo! (Hay que ponerle subtitulos para entender)

Vivir de amor, morir de amor

Muchas cosas han pasado en estos días. Ultimamente pasan muchas cosas en el mundo. Unos llegan, otros se van, y al final lo más importante es lo que queda…

Tuve la fortuna de tener a mi abuelita por 33 años. Más que ningún o ninguna otr@ niet@. Recuerdo que le decía “Uvita” o “Uvi”. Cuando yo era pequeña mi abuela tenía unas gafas grandes que usaba para coser, ella cosía mucho. Cosía mis disfraces, de hada madrina, de caperucita roja, de enfermera, los uniformes del colegio, vestidos para las fiestas. También cosía con unas agujas largas y tenía muchos botones, que me fascinaban. Mientras ella cosía yo los regaba sobre la cama y los organizaba por colores. También tenía unas revistas Burda, llenas de moldes para coser que a veces traían unas muñequitas para vestir. La recuerdo siempre muy tranquila, calmada y alegre. Siempre al lado de mi abuelito y pendiente de sus hijos y de sus nietos que poco a poco fueron llegando, a muchos nos cuidó y nos acompañó. Además de coser, empezó a pintar. Hacía unas acuarelas muy  hermosas. La paciencia que obtuvo al criar 8 hijos (de los cuales 5 eran hombres) le sirvió para sentarse largas horas a hacer unos hermosos cuadros. Su dedicación por el hogar, los hijos y los nietos la combinaba con sus clases de pintura y con la costura. Nunca la ví perder la cordura, siempre era alegre y tranquila. La única vez que la ví llorar fue cuando perdió a su hijo Diego, hace casi 30 años. Yo estaba muy pequeña pero nunca olvidaré la escena. También recuerdo el incendio que casi acaba con su casa. Fue en diciembre y estábamos todos en la finca, llamaron a media noche a decir que el apartamento se estaba quemando. Mis abuelos dijeron, aquí estamos todos, mañana vamos y vemos y volvieron a la cama. Hasta en esos momentos, la recuerdo tranquila.

Cuando empiezo a escarbar en mi mente en busca de recuerdos, me llegan muchas imágenes muy felices. Cuando yo era pequeña no sabía que a mi abuela le habían dado una sentencia de muerte antes de nacer su primera hija, mi mamá, no sabía que le dijeron que no iba a aguantar su parto, pero ella de manera milagrosa sobrevivio a ese y a siete más. No la recuerdo enferma, seguro no me daba cuenta si ella estaba algunos días en el hospital, pero me cuentan que su cuerpo siempre fue muy frágil y visitó mucho los hospitales. Luego fuimos creciendo y ella fue llenandose de nietos hasta completar 17. Siempre había algo que esperar: un bebe que iba a nacer, una primera comunión, un viaje, un premio. Y todos empezamos a convertirnos en ese motivo por el que mi abuelita se llenaba de entusiasmo para vivir. Pero su cuerpo poco a poco se iba cansando…

Lo malo de crecer es que empiezas a darte cuenta de muchas cosas, como por ejemplo de la fragilidad de la vida. Unos meses antes de mi matrimonio, mi abuelita tuvo una crisis y recuerdo mi angustia al creer que ella no iba a estar ahí. Lloré mucho pensando en que ella pudiera faltar. Pero su amor por todos nosotros y el nuestro por ella le dieron la fuerza para durar 8 años más.

Y todo el tiempo fue así, la fuimos llevando pasito a pasito, con motivos, a veces buenos y a veces algunos obstáculos, a traves del tiempo mietras su cuerpo se iba marchitando poquito a poquito, como una hermosa flor que aunque marchita se ve hermosa hasta el último suspiro. Durante todo este tiempo mi abuelita se volvió una mujer muy piadosa. La mejor amiga de Dios y de la Virgen. Todo el día oraba, llena de fé. Constantemente la llamábamos para que rezara para que nos fuera bien en alguna cosa pendiente. Estar en sus oraciones era como estar en la fila VIP de Dios. Con los años se fue volviendo cada vez más santa. Muchas visitas al hospital, sus brazos llenos de morados, sus pulmones necesitaban oxígeno para respirar, no podía caminar muchos pasos sin cansarse, y muchos momentos dificiles pasaron por su vida. Nosotros solamente veiamos un ejemplo absoluto de humidad, paciencia, resignación a la voluntad de Dios para ella. Ella no se iba porque su amor por nosotros y nuestro amor por ella no la dejaban. Ella sentía que no podía soltarnos y nosotros no la queríamos dejar ir. Pero AMAR ES DEJAR IR. Por eso, hace ya dos semanas, los medicos dijeron que mi abuela no aguantaba más. Habría que llenarla de aparatos para que ella pudiera vivir un poco más. Sus hijos decidieron que no querían ver sufrir más a su mamá. Y llenos de amor, todos en familia la acompañamos a partir.

El día no pudo ser más hermoso, con el cielo azul le dijimos que se fuera tranquila, que la queríamos y que siempre estaría con nosotros, en nuestro corazón, en nuestra vida. Ella estaba increiblemente tranquila, en paz, nos habló muy hermoso, nos dió la bendición, le dimos besos, abrazos, amor. Se fue apagando lentamente mientras todos sus hijos con sus esposos y esposas, y sus nietos le cantábamos las canciones que más le gustaban y le rezabamos sus oraciones favoritas. También fueron los curas, sus hijos putativos y la acompañaron a dar ese paso. Mi abuelita se fue tranquila y feliz. En el cielo la esperaba una fiesta. Ya no más oxígeno para respirar, ya no necesitas ayuda para caminar, puedes correr, volar libre, nadie te volverá a sacar sangre o a dar medicamentos. No los necesitas. Mi abuelita es amor puro y está con todos y cada uno de sus seres queridos.

No quiero recordar a mi abuelita sufriendo, a la que a veces me decía que ya no podía más, voy a pensar en la que me hacía los disfraces de caperucita roja, la que me cuidaba, la que se reía con los chistes que hacía mi tía Lina o mi tío Mago, la que se sentía tan orgullosa de mi y de todos, no importaba si era una beca de la universidad o un reconocimiento en la guardería, todo la ponía igual de feliz. Quiero recordar a la que se alegraba tanto cuando llegaban los niños, quiero recordar siempre la cara que hizo cuando le llevamos a Jero recién nacido (mi sobrino) de sorpresa al salir de la clínica para que lo conociera, mi “uvita” que dormía siempre su siesta con la cobija que le regalé con las fotos de mis hijos, que me regaló su talento para coser y pintar, y que casi siempre llenaba sus ojos de lágrimas cuando me despedía de ella. No voy a volver a llorar al salir de su casa por verla sufriendo o atrapada en un cuerpo que ya no funcionaba bien. Abuelita, siempre estarás dentro de mi, pienso en ti todo el tiempo y cuando me pongo un poco triste, pienso en lo feliz que estás y se me quita la tristeza, tengo en mi casa tu tarro lleno de botones, los regué, los ordené por colores y encontré botones que tenías desde que yo era pequeña y me sentaba en tu cama a jugar con ellos mientras a mi lado cosías con un par de agujas largas. Te amo y espero volver a verte algún día.

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