¿Qué es ser un niño grande?

Como papás estamos buscando constantemente que nuestros hijos crezcan, que avancen, que parezcan “niños grandes”. En cada edad hay acciones o elecciones con las cuales ellos demuestran que son “grandes” y eso implica ir renunciando lentamente a otras cosas de la infancia que también son hermosas. No sé hasta que punto su proceso de crecimiento natural está siento realmente natural o está siendo presionado por quienes los rodean, privándolos de gozar su infancia a plenitud…

Es triste que cuando uno se da cuenta que ser chiquito es lo máximo, ya es grande. Y con los niños pasa lo mismo, como dirían por ahí “del mismo modo pero en sentido contrario”, los pequeños siempre quieren ser niños grandes. Lo increíble de toda esta situación es que los papás (no se porqué lo hacemos porque sabemos que ser pequeño es mejor), estamos incentivando a que ellos quieran ser grandes, que ironía. Seguir leyendo

La dicha de ir a comer helado

Cuando somos niños creamos recuerdos maravillosos a partir de momentos mágicos. Los padres debemos darnos cuenta que esa magia muchas veces está en lo simple, en lo sencillo, en pequeños detalles como por ejemplo la dicha que produce ir a comer helado…

Ser niño es algo maravilloso, la infancia está llena de fantasías y momentos mágicos. Dentro de las maravillas de esta hermosa época están los pequeños espacios en los que uno crea experiencias inolvidables. Curiosamente estas experiencias por lo general no implican un costo (monetario) alto sino que van más bien enfocadas en algo que cree un momento feliz . Esos momentos felices crean una asociación positiva en la mente que hace que cada vez que haces lo mismo creas y recreas esa felicidad (eso lo aprendí en mis clases de mercadeo). Uno de los momentos más ricos y divertidos de la infancia es ir a comer helado. La ida a comer helado es una de las asociaciones positivas más comunes actualmente en el mundo y esta se origina en la infancia. Cuando llevamos a los niños a comer helado creamos automáticamente un recuerdo feliz que queda grabado en ellos y por ende el helado genera una asociación con la felicidad, por eso cuando grandes a veces comemos helado para sentirnos felices o para crear momentos especiales con uno mismo o con otra persona, pues el hecho de comerlo llama automáticamente al niño interno de todos y hace correr la película de ese momento especial que tuvimos cuando pequeños, trayendo esa emoción que lo acompaña. Hasta cuando uno está triste busca un helado para subir el ánimo y sentirse mejor. Seguir leyendo

Mojarse es delicioso!

Hace algunos días prometí a mis hijos que iríamos caminando a tomar el algo a una panadería cercana a nuestra casa. Muy pocas veces he salido a caminar con los niños pues me daba miedo yo sola con ellos tan pequeños e inquietos, que depronto salieran corriendo y no los pudiera controlar bien, pero ya han crecido y tienen un poco más de sentido de que es peligroso, son más obedientes y ya he logrado desarrollar un poco más de tranquilidad en que estaremos bien (fe). La verdad es que el camino a la panadería es corto (aprox 3 o 4 cuadras) y vi una buena oportunidad de pasar un rato agradable, diferente, para que aprendan a portarse en la calle y que conozcan más cosas de la ciudad.

Les dije a los niños  y estaban felices, miré por la ventana y vi una pequeña nube gris y les dije: “Niños, arreglense rápido para que salgamos que depronto va a llover”. Mi hijo pequeño empezó a ponerse los zapatos y luego me miró con la carita un poco angustiada y me dijo: “Mami, mejor vamonos en el carro”. Yo le dije: “Porqué quieres que nos vamos en el carro?” (me pareció muy raro porque estaban entusiasmados con el plan de caminar) y me respondió con un poco más de angustia: “Porque si llueve nos mojamos”…

Yo miré esa carita de 3 años y pensé, “un niño de 3 años angustiado porque se va a mojar…??” y se me arrugó un poco el corazón…. pensé en las veces que tal vez los he regañado porque se mojan, se ensucian o hacen algo de niños, que debería encantarles y ahora mi pequeño estaba angustiado porque se iba a mojar!!! No puede ser!!! Le dije: “Mi amor, pues si llueve, nos mojamos!!! y que rico, no pasa nada!” …. inmediatamente cambió su carita preocupada por una carita feliz, se acabó de poner los zapatos y salimos.

Empezamos a caminar y hasta me dijeron “mami, si eres loca, no va a llover, está haciendo sol”, pero la nubecita seguía por ahí rondando. Cuando faltaba una cuadra para que llegáramos a la panadería, estalló el aguacero!!! empezamos a correr y a reirnos, traté de que fuera divertido y corriamos y yo gritaba “Nos estamos mojando!”con mucha emoción. La gente en los carros nos miraba con risa y unos niños creo que con un poco de envidia. Llegamos a la panadería mojados y muertos de la risa, los niños estaban felices de lo que acababa de pasar y la verdad yo más, mi niña interna salió feliz a mojarse y a reirse y confieso que me hubiera gustado mojarme más 🙂

Le dí gracias al universo que me mandó la nubecita, que pudimos correr bajo la lluvia, reirnos, disfrutar, ser niños y compartir ese momento tan delicioso comiendo cinnamon rolls con la cabeza y la camisa mojadas y el corazón lleno.  Me prometí a mi misma que voy a dejar un poco más que se mojen, que se ensucien y que sean niños siempre.

Saltar en charquitos

Ser niño es maravilloso. Y lo más maravilloso es el descubrimiento diario de tantas cosas que para un adulto serían aburridas, poco interesantes o impensables. Esta tarde fui a recoger a mi hijo al colegio y lo encontré muy entretenido jugando en el parque. Estaba tan concentrado en un charquito que había que no se dio cuenta que yo había llegado. Quise ver que era lo que estaba haciendo y decidí hacerle un video. El video es hermoso porque mi pequeño con una concentración absoluta busca como acercarse al charco, con los movimientos cuidadosamente calculados, disfrutando de esa sensación que combinaba la diversión, la curiosidad y esa línea entre lo que se puede hacer y lo que no.

Observar esa escena que para mí fue hermosa, me puso a pensar en lo que los adultos dejamos de un lado, la capacidad de asombro, de disfrutar lo simple, de ensuciarnos sin preocupación. Me doy cuenta que mis hijos son maestros que me recuerdan que no puedo perder eso, que hay que mirar los pájaros, que no me puede importar si me mojo, si me despeino o si algo se ensucia. La vida es para disfrutarla, para mojarse y para saltar en los charcos!