Las mamás tenemos que cuidarnos

Cuando uno es mamá el tiempo personal desaparece. Recuerdo cuando mi hijo mayor nació, pensé que nunca más iba a poder arreglarme las uñas, ir a la peluquería o maquillarme. Me bañaba en dos segundos me vestía a mil, no tenia tiempo de depilarme, de peinarme bien o de hidratarme. El embarazo te deja el cuerpo como en la postguerra, y uno poco a poco se da cuenta que lo puede ir recuperando. Con los hijos el tiempo personal se vuelve muy restringido y así aprendemos a valorarlo más y a disfrutar cada instante que tenemos para cuidarnos.

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Llegó el momento de pensar en mi

Cuando uno tiene hijos se olvida de uno. Es como una abalancha de tareas, todo el tiempo tu bebé te necesita, hay que alimentarlo, cambiarlo, ayudarle a dormir, se despierta cada tres horas, llora y uno no entiende que será lo que le pasa, viene gente a visitarte, y entre el bebé, las visitas, la nueva rutina que llegó sin uno estar preparado (por muchos cursos prenatales que uno haga, no se imagina todo lo que será sino hasta vivirlo), uno se olvida de uno. Y como la vida sigue así, el bebé con sus necesidades, el trasnocho, el cansancio, la adaptación a esa nueva dinámica familiar, etc, uno se acostumbra y cree que la vida ya es así. Me acuerdo la angustia que me daba al pensar que había perdido mi vida para siempre. Afortunadamente tuve amigas que me decían que eso no iba a ser así siempre. No podía sentarme a comer tranquila, bañarme, o arreglarme sin que hubiera alguna interrupción, y ni se diga de otras cosas de “lujo” como por ejemplo ir a la peluquería, estar con las amigas o hacer una siesta. Porque con un bebé pequeño, hasta ir al mercado se vuelve un momento añorado y casi imposible. Seguir leyendo