No me miren que estoy voltiada

Esta es una historia personal. De una niña a la que no le gustaba que le hicieran escándalo y se inventó la manera de decirles a los adultos que la dejaran tranquila un rato. A todos nos pasa, a los niños y a los grandes. Son buenos momentos y oportunidades para bajar el ritmo, alejarse de la bulla y volver a recargar.


Cuando yo nací fue un súper acontecimiento en mi familia.
La hija mayor, la nieta y sobrina mayor en los dos lados, también bisnieta mayor y bueno, así en todos los rangos familiares con tíos, tíos abuelos, primos de mis papás, etc. Digamos que abrí la brecha a una nueva generación. Era como una princesa (sin el como).
Fui una niña muy contemplada, mis papás fueron consentidores, mis abuelos más, era un escándalo cuando yo llegaba a la casa de los abuelos, llegó la niña, la única, la princesa.
Nunca me ha gustado ser muy protagonista que digamos, prefiero más bien el bajo perfil, aunque no parezca ahora pues tengo un blog que hace que me vean mucho más, en realidad soy penosa y no me es fácil establecer relaciones con personas desconocidas (parezco antipática en la primera impresión, o en realidad hasta lo soy). Seguir leyendo