El sueño es sagrado

Las mamás tenemos diferentes obsesiones. Una de las mías es el buen dormir. Para mi el sueño es sagrado, por eso he sido enfática en cuidarlo y en que se respete. Además he averiguado que el sueño es muy importante para el bienestar de los niños. Aquí les cuento porqué.

Todas las mamás somos diferentes y dentro de esas diferencias he encontrado que todas tenemos algunos temas con los que somos obsesivas. Hace poco por ejemplo supe que una amiga sufría mucho por los dientes de sus hijos, otras sufren porque se ven muy gorditos (o flacos), otras porque no comen, otras porque no socializan, también supe de una mamá preocupada porque su hijo de dos años todavía no sabía identificar los colores. Y así como todas tenemos nuestros temas “predilectos” (para decirlo más bonito), los míos son: la alimentación, la salud y el sueño. Seguir leyendo

Mami, acompáñame a dormir.

Muchas veces queremos imponer reglas o forzar a nuestros hijos a que hagan algo porque ya están “en edad” para hacerlo. A veces no nos damos cuenta que detrás de lo que ellos nos piden hay una necesidad oculta. En esta historia de “Mami, acompañame a dormir”, les cuento como descubrí que la mejor manera de que mi hijo sea seguro e independiente no es forzándolo. Que a veces ellos nos piden una cosa, pero en realidad están buscando otra. 

mami-acompaname-a-dormirMi hijo Pedro es un pegote de la mamá. Muchos que lo conocen saben que vive con el complejo de Edipo alborotado y hasta le dicen “Edipito” (a espaldas de el obviamente). El vive enamorado de mi y obviamente, yo de el. No pasa un día en que el no se me acerque en repetidas ocasiones, me de un beso, un abrazo, me diga “te amo mami”, así, espontáneo. Yo no puedo evitarlo, me derrito. Me derrito al verlo, me derrito con sus abrazos y muestras de amor, quien no. Una de las cosas que más duras me han parecido en la crianza de Pedro ha sido ayudarlo a aprender a desapegarse de mi. Yo entiendo ( y el también) que debe vivir tranquilo sus espacios, que no debe llorar cuando se separa de la mamá y el solito, con una madurez que me sorprende a sus 6 años y medio, lo entiende y lo proporciona: “mami, no me acompañes a la buseta”, “mami, no me lleves al colegio porque me quedo llorando”. El sabe que cuando se separa de mi pasa feliz, pero ese momento de transición aún le da duro.

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