Ser la peor mamá del mundo.

Cuando se trata de decir si somos buenas o malas madres, muchas nos tiramos duro a nosotras mismas.

Personalmente varias veces me he sentido la peor mamá, especialmente los últimos días de vacaciones cuando mi paciencia ya rebosó los límites y los niños piden a gritos en silencio un espacio diferente a las 4 paredes de la casa, haciendo que la mamá enloquezca poco a poco.

Me he sentido la peor mamá cuando no hago las actividades que quisiera hacer con ellos porque tengo que trabajar o tengo pereza o estoy cansada, cuando les hablo un poco más duro de lo que debería (un día le grité a mi hijo en Falabella delante de varias personas), cuando quiero que desaparezcan un ratico de mi vista (y se los digo), cuando les digo algo que no debería y a los cinco segundos me arrepiento, cuando pienso “será que lo traumaticé?” o “será que me lo estoy tirando?”, cuando no soy capaz de cumplir una amenaza o cuando ni siquiera soy capaz de amenazar y me hago la loca para evitar una pelea.  Seguir leyendo