Porqué los niños son impacientes, viven aburridos, no tienen amigos y creen que el mundo gira a su alrededor

Los padres de ahora queremos lo mejor para nuestros hijos. Pero también muchas veces sentimos que los estamos malcriando. En una época que nos cogió sin estar preparados, con miles de factores que no existían antes y que no alcanzan ni a salir en los libros de crianza, nos damos cuenta que nuestros hijos son impacientes, viven aburridos, no tienen amigos y creen que el mundo gira alrededor de ellos. Cada día nos preguntamos cómo enfrentar esta nueva generación para lograr que puedan ser personas útiles, felices, íntegras, exitosas, y todos los verbos positivos que los padres de ahora idealizamos.

Hace un tiempo fue publicado un artículo que ha sido famoso y le ha dado la vuelta al mundo, escrito por Victoria Prooday llamado: La tragedia silenciosa que afecta a los niños de hoy (The silent tragedy affecting today’s children). Es un artículo que todos los padres deberían tener en cuenta.

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“Mami, perdí el control”

Todos nos equivocamos y nuestros hijos no son la excepción. A su corta edad están aprendiendo a enfrentar el mundo y las situaciones sociales. Con esta historia, “Mami, perdí el control” les cuento como a mis hijos también les ha pasado y como lo he manejado hasta ahora, buscando que el niño aprenda y terminando yo también por aprender de cada ocasión.

Dicen que el carácter es algo que tiene que ver con la personalidad y el temperamento. Cada niño nace con una personalidad y por lo general los diferentes hijos son muy distintos en todo. Mi hijo mayor por lo general es un niño muy calmado y tranquilo. El apenas aprendió a pelear mucho después de que naciera su hermano y casi siempre es el que pierde la pelea. Normalmente acepta las cosas y reacciona con tranquilidad. Pero hay momentos en que una combinación de factores hace que explote (luego les contaré cuales creo que son).
Hace poco mi hijo estaba en una clase y perdió el control. Estaban jugando “chucha” y una niña lo agarró, no lo soltaba, en ese momento el quería zafarse y no pudo, algo hizo que se descontrolara. Comenzó a tirar patadas y a gritar palabrotas a las personas que estaban alrededor, no solo pateó a la niña sino a otros. Gritó groserías hasta que la profesora le pidió que se retirara de la clase, ni ella se salvó de un insulto. Yo estaba afuera esperando y lo vi venir antes de la hora de salida, el estaba con su carita descompuesta. Seguir leyendo

El arte de esperar

Dicen que uno no valora a la mamá hasta que tiene hijos y realmente es muy cierto y una de las cosas más dificiles que he sentido en mi maternidad es la gran cantidad de tiempo que damos a nuestros hijos, una cosa que si se pagara no habría con qué.  Al comienzo se vuelve hasta pesado, sobre todo cuando estábamos acostumbradas a tener el tiempo para nosotros y a ser productivas. Ahora todo se maneja a otro ritmo.

mujeres-papas-mamas-esperando-hijos-actividades-deportivas-blog-maternidad-la-gallina-y-los-pollitos-medellinLas mamás desarrollamos la paciencia cada día y una de las principales prácticas para esto es la de esperar.  Escribo este post mientras espero a mi hijo en una práctica deportiva que dura hora y media, pero para que el pueda hacer su clase yo invierto aproximadamente 4 horas de mi tiempo, esto 2 veces por semana. Se que lo que yo invierto puede ser poco comparado con otras mamás que tienen más hijos o más compromisos y con todo el amor del mundo regalan su tiempo para que sus hijos puedan practicar sus actividades. Verlos hacerlo nos hace felices.

Veo muchas mamás y papás todo el tiempo en graderías viendo clases, partidos, competencias, haciendo barra o haciendo fuerza, aguantando frío o calor, incomodidad, cansados, todo eso y mucho más. Ahí vuelvo y compruebo que uno no valora a los papás hasta que lo vive, porque ser mamá y papá es dar,  con el amor más grande y sin esperar nada a cambio, solo la satisfacción produnda de verlos caminar hacia sus sueños.

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Brindo por tí y por mí!

Afortunada o desafortunadamente con esta condición de madres, que a veces nos toma por sorpresa (así estemos planeando el embarazo por mucho tiempo), somos humanas. Esto significa que la mayoría del tiempo hacemos nuestro mejor esfuerzo por ser la mejor madre, por recargarnos infinitamente de paciencia, por cantar como Barney todo el día, por reirnos cuando el muchachito hizo el reguero en el piso, por respirar profundo cerrar los ojos, contar hasta 10 y hablar con una voz dulce como Blancanieves. Pero esa cualidad de humanidad trae consigo la condición especial que hace que en algunos (o muchos) momentos estemos cansadas, que hayamos dormido mal porque el hijo tuvo fiebre, que estemos estresadas por un proyecto, que estemos enregladas, que no nos provoque hacer recreación ni cantar, que no nos aguantemos el rebote de la pelota por la casa y que queramos dormir toda la tarde sin poder o sin importarnos que el niño tiene los ojos cuadrados de ver televisión. A veces pienso que Dios es muy arriesgado dandole niños a mamás que no sabemos ni pio de maternidad, que no hicimos curso ni tenemos diploma y que todos los días se presenta una nueva situación que muchas veces no sabemos manejar y en un gran pocentaje de ellas hacemos lo que no se debe. O sea, puro improvise. Seguir leyendo

A las 8 me convierto en Hulk

Muchas personas que me conocen saben que soy muy estricta con el horario de sueño de los niños (estoy segura que muchos piensan que es exagerado) y decidí serlo desde que me di cuenta que mis hijos se comportan de manera muy diferente cuando han dormido bien a cuando no. Se vuelven intolerantes, irritables, necios, peliones, llorones, algo insoportables al día siguiente y, para la paz y armonia del hogar, es algo que se vuelve un poco dificil de tolerar. Y es que el ejercicio de la paciencia es una de las actividades que más me ha tocado en este día a día de ser mamá. Porque a los niños les encanta retarte, medirte el aceite, sacarte la rabia, ver hasta donde toleramos, llevarnos al límite. Y me ha costado mucho, gritos, ofuscaciones, y actitudes que casi nunca ayudan y que uno termina muy triste y agotado y lo peor es que les da un mal ejemplo a los hijos de como no se debería reaccionar ante un momento de estrés. Por eso, día a día ejercito la paciencia. Pero como las mamás tenemos tantos trabajos y labores, pues obviamente terminamos muuuy cansadas y la paciencia se va agotando como si fuera una pila del celular y cuando llega la noche empiezo a cansarme y mis hijos ya saben porque un día les dije, “acuéstense rápido porque a las 8 me convierto en Hulk” y hasta les hice la dramatización de como me convertía, jaja…. Y sonó muy charro, pero quería decirles, en su lenguaje, que la mamá también es humana, también se cansa y también tiene un límite. Muchas veces cuando están muy necios y estoy cansada les digo: “niños se me va a acabar la paciencia…” y ellos ya entienden que estoy a punto de convertirme en Hulk y cambian su comportamiento. Esto me ha ayudado mucho a no perder el control, a comunicar lo que siento y que ellos aprendan a que cuando uno siente algo lo dice. Por lo general mi pila de paciencia maternal se acaba alrededor de las 8 pm. Y esa es otra razón por la que mis hijos a esa hora ya están dormidos. Porque me queda un tiempo para mi, para descansar, para estar con mi esposo, para comer tranquila, para relajarme. Y finalmente acostarme a dormir para volver a recargar la pila de la paciencia, porque yo también necesito dormir bien para estar feliz 🙂

cruella

Dejar de gritarle a los niños….

Hoy quiero compartirles un artículo que encontré en internet sobre una señora que era muy gritona con sus hijos y un día empezó a darse cuenta que cuando eso pasaba la que peor quedaba era ella… se dió cuenta que no era la mamá que siempre había soñado ser y decidió prometer a sus hijos que pasaría 365 días seguidos sin gritar, se empezó a llamar el “Rino Naranja”, como un recordatorio de no gritar, sino estar calmada como un rinoceronte y cálida como el color naranja. Después de mucho esfuerzo esta valiente señora pasó 400 días sin gritar y aprendió demasiado. Dentro de todo lo que aprendió están estas 10 cosas:

1. Gritar no es la única cosa que desapareció: dejar de gritar le ayudó a evitar muchas consecuencias negativas adicionales, como su malestar después de haber gritado, sentirse una mala mamá, los niños diciendole que era la peor mamá del mundo y su esposo molesto después de que ella perdía la paciencia…

2. Los niños son la más importante audiencia: muchas veces las mamás somos muy queridas y pacientes con los niños delante de otras personas pues nos importa mucho lo que esas personas piensen o digan al vernos, en cambio cuando estamos solas con ellos, perdemos fácilmente la paciencia. Realmente las personas que más deberían importarnos son nuestros hijos, son los seres más importantes de nuestra vida, son a los que realmente hay que impresionar.

3. Los niños son niños, y no sólo eso, son personas: como todos tenemos días felices y días dificiles, los niños también los tienen. Adicional a esto, los niños son niños, no hay que olvidar eso, son curiosos, traviesos y están aprendiendo a manejar sus emociones. No hay que olvidarlo.

4. No es posible controlar las acciones de los niños, pero si se puede controlar mis reacciones: puedo hacer todos los trucos posibles de paternidad para disciplinar a los niños, pero ellos son niños y no siempre todo saldrá como yo quiero. Yo puedo decidir si quiero gritarles cuando no escuchan o irme por un segundo, tranquilizarme y luego volver con una mejor actitud.

5. Gritar no funciona: muchas veces gritar es más facil que respirar profundo y buscar alternativas creativas diferentes a gritar. Pero gritar no funciona, solo hace que las cosas se salgan de control y hacer más dificil que los niños entiendan lo que les quiero enseñar.

6. Gritando te pierdes de momentos importantes de la vida: a veces no esperamos a escuchar a los niños y antes de que hablen les interrumpimos y los regañamos, a veces vienen con comentarios hermosos, miedos, reflexiones lindas, que no los dejamos expresar y pueden ser algo inovidable o importante para ellos.

7. Hay dos palabras importantes para recordar: “al menos”…. siempre que hay una situación que nos lleve a ofuscarnos o a perder la paciencia, pero cuando uno lo analiza sin emoción, se da cuenta de que la mayoría de las veces es algo que no es tan grave o que podría ser peor, este punto nos lleva a pensar en eso cuando suceden las cosas que nos pueden hacer perder el control… pues realmente no es tan grave o podría ser peor… “al menos” no fué peor!

8. Algunas veces, yo soy el problema, no mis hijos: Muchas veces sucede que el cansancio, el malgenio por algo externo o con otra persona que no son los niños (esposo, empleadas, etc), hacen que estemos muy poco tolerantes y terminemos descargando este sentimiento en ellos. Antes de hacerlo se debe pensar en lo que nos tiene así y ver que el problema no son los niños sino que es uno mismo.

9. Debo cuidarme a mi misma: Cuando uno saca tiempo para si mismo, hacer cosas que le gustan, hacer ejercicio, descansar, etc, está más feliz, más tranquilo y más amable. No sólamente con los niños, sino con todo el mundo.

10. No gritar se siente fenomenal: Dejar de gritar y perder el control hace que uno se sienta feliz, calmado y hasta liviano. Acostarse sin sentimiento de culpa, y levantarse más seguro que se puede educar a los hijos de una manera mas amorosa y paciente. Los niños se sienten más tranquilos y felices y aunque eso no significa que se porten mejor, pues son niños, sus pataletas son mas cortas y las situaciones se manejan mejor. Cuando se esta calmado se puede pensar de manera más racional para resolver los problemas de una mejor manera.

En este link está el artículo completo en inglés: http://www.huffingtonpost.com/the-orange-rhino/10-things-i-learned-when-i-stopped-yelling_b_2886161.html?utm_hp_ref=fb&src=sp&comm_ref=falseCreo que a todos nos pasa alguna vez que perdemos la paciencia con los niños, y luego sucede lo que dice esta señora, uno se siente muy mal, pierde energía, y las consecuencias en los niños son muy tristes. Me parece muy interesante asumir este reto de controlarse, tener paciencia, autocontrol y mirar luego los efectos positivos que trae esto en la vida….

Grandes pequeños logros

Hace un mes no escribia algo por aquí. Tuve varias actividades de las cuales pronto escribiré. Y como sucede cuando tienes pequeños, todos los días pasan cosas y los niños crecen a toda velocidad y por esto, siempre hay historias que contar. Mi historia de hoy tiene mucho que ver con la paciencia de la que he hablado tantos y también con el esfuerzo y la dedicación. En realidad son dos historias, una de cada uno de mis hijos…

Empecemos con el primero, Emilio…

Emilio entró a clase de natación cuando tenía un año y un poquito… Me acuerdo que me metía con el cada 8 días en la piscina, ya estaba embarazada de su hermanito, y pueden imaginarse lo jarto que es vestido de baño y todas las actividades que esto conlleva, pero bueno, lo hacía con mucho amor porque pienso que la natación más que un deporte, en los niños es una actividad necesaria de supervivencia. Cuando llevaba a Emilio a natación, veía unos niños muuuy grandes que nadaban muy bien, se pasaban la piscina de un lado a otro por el lado corto y hasta algunos por el lado largo, y pensaba: cuando será que mi niño va a estar así…… Y como todo lo que tiene un proceso, poco a poco, muy lentamente, Emilio aprendió a meter la cabeza, a aguantar la respiración, a hacer patada, a nadar apoyándose en otros objetos, luego pudo hacer clase solito, todo esto con mucha constancia, sacrificio, y paciencia. Hace un par de semanas, Emilio pudo pasarse la piscina, no sólamente por el lado corto, sino también por el largo, sin ayuda, solito, y luego de recordar las primeras clases, en las que me metía con el a la piscina, en las que le echaba agüita en la cara con una jarrita para que aguantara un par de segundos la respiración, me di cuenta que mi niño es como los niños grandes que veía hace 3 años, y aunque todavía le falta mucho, su esfuerzo, práctica, valor (muchas veces tuvo miedo) y nuestro sacrificio y paciencia logró este gran progreso. Me siento muy orgullosa!

La segunta historia es algo hermoso, que tiene que ver con mi hijo pequeño, que como ya había mencionado ha tenido algunas dificultades con su lenguaje (aqui se cuenta mejor esa historia). Siguiendo el consejo de algunas expertas he sacado más tiempo para el solito, para jugar, para mostrarle como se dicen mejor las palabras que le cuestan dificultad. Hace un par de semanas, me senté con el a hacer algunos ejercicios (a manera de juego) y logré que aprendiera a pronunciar un fonema que le causaba mucha dificultad: KA, KO, KE… Nunca me había sentido tan feliz por una cosa tan simple en la vida, nunca me había sonado tan linda la palabra casa, cama, queso, coco…. juro que esa noche casi no me duermo de la emoción… Y aunque apenas lo está incorporando a su lenguaje, es un gran logro que haya podido pronunciarlo bien.

Les digo a mis hijos que para uno lograr algo que le parece dificil requiere mucho esfuerzo. Algunas veces tarda unos días, semanas o puede ser un proceso de varios años. Pero el entusiasmo, la paciencia y la perseverancia, se unen y nos ayudan a que el resultado se logre y a que la satisfacción sea la mejor recompensa!