Ser o no ser “motrizmente reprimida”

Cuando yo era chiquita y estaba en el colegio, no me gustaba hacer educación física. Me parecía horrible darle vueltas al coliseo corriendo sin sentido, me aterraba la idea de sudar y llegar pegotuda a la clase siguiente, el salón caliente y todas las niñas sudando y calientes (gas!). Creo que fui, o fuimos (porque tenía combo) un dolor de cabeza para la profesora de deportes que terminó por ponernos a jugar ajedrez ante la rebeldía evidente del grupo de niñas que no queríamos correr y sudar (todavía me la encuentro y me da hasta pena saludarla). Seguir leyendo

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Aprender a patinar a los 35

Todo empezó cuando llevé a mis hijos a clase de patinaje en vacaciones. Me sentaba en la gradería a esperarlos, pero veía a muchas personas (niños, jóvenes y adultos) en la pista patinando. Me parecía tan delicioso y me di cuenta que también había clases para adultos.
Cuando yo estaba chiquita, estuve en clases de patinaje e hice muchos niveles, hasta que un día tuve una caída muy fuerte y me tuvieron que coser en la rodilla, desde eso no volví a patinar.
Con las clases de mis hijos me volvieron las ganas de patinar y la coordinadora del Club de Patinaje de Envigado me recomendó hacer un par de clases personalizadas para coger un poco de seguridad. Y así fue. Seguir leyendo