Ser o no ser “motrizmente reprimida”

Cuando yo era chiquita y estaba en el colegio, no me gustaba hacer educación física. Me parecía horrible darle vueltas al coliseo corriendo sin sentido, me aterraba la idea de sudar y llegar pegotuda a la clase siguiente, el salón caliente y todas las niñas sudando y calientes (gas!). Creo que fui, o fuimos (porque tenía combo) un dolor de cabeza para la profesora de deportes que terminó por ponernos a jugar ajedrez ante la rebeldía evidente del grupo de niñas que no queríamos correr y sudar (todavía me la encuentro y me da hasta pena saludarla). Seguir leyendo

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