Tener un hijo pre adolescente

Tener un hijo no es sólamente recibir a tu bebé en brazos, darle teta y enseñarle a hablar. Todos nos imaginamos el momento romántico, pero como todos los romances, van pasando y cuando menos nos damos cuenta esa etapa se fue para no volver.
¿Cómo es tener un hijo pre adolescente? Tan positivo como cualquier otra etapa si sabes disfrutarla y vivirlo con amor. Aquí les cuento…


Los hijos crecen demasiado rápido. Tan rápido que no tenemos tiempo de darnos cuenta hasta que ya pasó… Creo que esta es una de las frases más trilladas de la maternidad, y es que creo que es trillada porque aunque la oímos todo el tiempo, realmente es algo que nos sorprende, y no logramos tragar entero que nuestros hijos crezcan tan rápido.

No entiendo porqué será, creo que una de las razones que justo se me ocurren es que como la primera impresión es la que cuenta, para nosotros ellos siempre serán nuestros bebés, y no quiere decir que no aceptemos que ahora nos llegan más arriba de la cintura, sino que en nuestro corazón esa relación empezó con un bebé (alguien súper frágil e indefenso para que tu lo protegieras) y ese sentimiento se fijó de esa manera. Siempre serán nuestros pequeños y siempre seremos su mamá. Así ellos tengan 2, 12, 15 o 20 y así nosotras tengamos 30, 40 o 60.

En todo caso tus hijos nacen, cierras los ojos un momento, los vuelves a abrir y ya son pre adolescentes.

Teóricamente la pre adolescencia comienza alrededor de los 9 años (aunque haya algunos de 5 o 6 que ya blanquean el ojo y responden feo).  Antes era más tarde pero ahora los niños son más precoces y cada vez el desarrollo comienza más temprano. La razón de la pre adolescencia es que los niños empiezan a madurar. Tanto física como mentalmente.

Algunos signos que veo en mi hijo que comienza esta etapa son:

  • Se preocupa más por su apariencia física (que se pone, como se ve) y por lo que piensen otros de el. Ahora para el, peinarse es una prioridad.
  • El pudor es más grande que antes. Necesita absoluta privacidad para bañarse, cambiarse, etc. Esto empezó como desde los 7 pero ahora ya se volvió permanente.
  • Necesita más intimidad, más espacios solo, sin nosotros, sin nadie. Por ejemplo, quiere escuchar música, o leer. Está tranquilo haciéndolo, disfruta sus espacios.
  • Tiene cambios de ánimo, se siente incomprendido, nos odia o nos ama. Se ofusca y mira feo (por horas). Luego llega y me agarra a besos. Es impredecible.
  • Come como si no hubiera mañana. Ahora pone menos problema con la comida y no lo llena nadie.
  • Su colegio y su entorno se vuelven súper importantes. Todo el día nos cuenta historias con sus amigos, ellos ahora son “lo más”. Hay dramas y conflictos entre ellos, aunque sucede más con las niñas, en los hombres también hay algunos.
  • Tiene gustos más claros y definidos. Tipos de música, cantantes, juegos, deportes, actividades. Todo esto les ayuda a que ellos puedan establecer su identidad. Es SU música, SUS gustos.
  • El peor insulto de la vida es que le digamos “bebé”.
  • Tenemos conversaciones “interesantes” con preguntas inteligentes, y comentarios de un niño cada vez más grande.

¿Cómo sobrevivir a tu hijo preadolescente?

Para nosotros ha sido un reto aprender a tratar a nuestro hijo pues ya no lo podemos hacer como antes. O sea, lo primero es entender que ya no funciona de la misma manera que lo hacía antes. Ya no da resultado ser impositivos ni radicales. Hay que llegar a una mezcla de “somos tus padres” con “te entendemos”. Las decisiones tienen que ser un poco más explicadas y algunas veces llegar a un acuerdo. Hay que respirar profundo, entender que el se siente realmente incomprendido y darle mucho amor (así no se deje abrazar), no meterse en peleas que no van a llevar a nada.
En nuestra casa hemos tratado de darle un poco más de espacios de “niño grande”,  por ejemplo, puede acostarse un rato más tarde que su hermano, tiene algunas cosas de grande (el papá le regaló un mp3 que tenía archivado y el está feliz con sus audífonos que ya se volvieron una extensión de su cuerpo) y a veces lo invitamos a ver película con los papás después de que Pedro ya se durmió. Eso lo hace sentir especial y grande.

Creo que es importante, como ha sido anteriormente ser muy pacientes. Sobre todo porque ellos van a tener muchos momentos “emocionales” y no vale la pena que terminen en un drama. Recuerda: tu eres el adulto.

Otro punto que considero clave es que durante esta etapa debemos tratar de que ellos puedan confiar en nosotros. O sea, somos tus padres, pero puedes contar conmigo para lo que quieras. Puedo sacarte de cualquier lío o acompañarte a que puedas enfrentarlo. Esta es la antesala a una etapa muy dura para ellos y debemos dejar abiertos los canales de comunicación.

Por ahora estamos aprendiendo a manejar al pre adolescente, como todo hay que verle lo bueno y disfrutarlo. Aprovechar los pocos abrazos y las largas conversaciones con sus comentarios y análisis que todavía hacen que me derrita de amor.

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